Ochenta y siete años, setenta y uno en la misma casa y un alquiler pagado durante décadas.
Para echar a Maricarmen hicieron falta antidisturbios, calles cerradas y dinero público al servicio de una empresa que pretende multiplicarle el alquiler por cinco.
Luego hablan de seguridad jurídica.
Seguridad, sí: para que el fondo buitre cobre.
Ella puede apañarse con 87 años en la calle.