🧵
La desconocidísima «La caza salvaje del rey Stakh» (1979), de Valeri Rubinchik, es un joya del cine gótico soviético ambientada en la Bielorrusia rural del siglo XIX, donde un joven etnógrafo llega a una aislada mansión para investigar leyendas locales y termina atrapado...⬇️
Colombia lleva décadas formando abogados para litigar, economistas para calcular, administradores para gestionar e ingenieros para ejecutar. Sin embargo, ha descuidado una de las capacidades más determinantes para el desarrollo de cualquier sociedad: la capacidad de negociar.
Esa ausencia explica muchas más cosas de las que estamos dispuestos a reconocer.
Hemos aprendido a defender posiciones con admirable convicción, pero muy pocas veces a comprender los intereses que las originan, y esa diferencia no es menor.
De ella depende la forma como resolvemos nuestros conflictos, construimos nuestras instituciones, hacemos empresa, atraemos inversión o representamos al país frente al mundo.
Las posiciones son visibles, los intereses casi nunca lo son. Las primeras alimentan la confrontación; los segundos hacen posible los acuerdos. Quien solo oye posiciones termina discutiendo, quien entiende los intereses empieza a encontrar soluciones.
Quizá por eso hemos terminado confundiendo la firmeza con la inflexibilidad. Creemos que defender una convicción exige cerrar cualquier espacio de conversación, como si negociar implicara renunciar a los principios.
En realidad ocurre exactamente lo contrario. Solo quien tiene absoluta claridad sobre aquello que no está dispuesto a sacrificar puede negociar con verdadera libertad.
La negociación no consiste en que una parte imponga su voluntad sobre la otra, tampoco en repartir diferencias hasta que todos queden moderadamente insatisfechos. Su verdadera naturaleza es mucho más exigente, descubrir dónde pueden coexistir intereses legítimos que, a primera vista, parecían irreconciliables.
Los grandes acuerdos de la historia nunca fueron el resultado del azar. Detrás de ellos hubo personas capaces de comprender que el poder no reside únicamente en la capacidad de imponer una decisión, sino, sobre todo, en la inteligencia para construir una decisión que los demás tengan razones para sostener en el tiempo. La imposición produce obediencia, la negociación produce estabilidad, y esa diferencia separa las soluciones transitorias de las instituciones que perduran.
Lo mismo ocurre en la empresa. Los negocios más valiosos rara vez son consecuencia de una ventaja circunstancial, son el resultado de relaciones construidas sobre confianza, credibilidad y visión de largo plazo.
Quien negocia pensando únicamente en el cierre de hoy suele perder el negocio de mañana, quien comprende que toda negociación es también la construcción de una relación termina creando un activo mucho más valioso que un contrato.
Las relaciones personales responden a la misma lógica. Allí donde desaparece la capacidad de comprender los intereses del otro, las diferencias dejan de ser un espacio para construir y se convierten en un escenario de desgaste.
La negociación no pertenece exclusivamente a las cancillerías, a las juntas directivas o a las grandes operaciones empresariales. Atraviesa la vida cotidiana porque forma parte de la condición humana.
Tal vez Colombia no necesite únicamente mejores leyes, mejores políticas públicas o mejores administradores. Necesita mejores negociadores, personas capaces de entender que la inteligencia no consiste en tener siempre la razón, sino en saber construir acuerdos sin renunciar a los principios; líderes que comprendan que el verdadero poder no se demuestra cuando se vence al otro, sino cuando se logra que intereses distintos encuentren un camino común.
Negociar no es una habilidad reservada para una mesa formal, es una forma inteligente de relacionarse con los demás, y quizá también una de las formas más sofisticadas de construir futuro.
Recomiendo leer con deleite esta columna magnífica de Jaime Arango.
Es una de las más bellas y profundas reflexiones para entender el significado de la Constitución.
https://t.co/tiNij1ss0Q
He gave the comfortable classes of every generation a way to signal virtue by denouncing the civilization that produced them, from inside it, without cost.
The French Left Bank intellectual denouncing capitalism from a café. The Harvard professor deconstructing Western civilization from a tenured chair. The hedge fund billionaire funding the abolition of meritocracy. All of them are living in Rousseau’s armchair.
La democracia se respeta y la voluntad del pueblo se defiende.
Quiero dirigirme a todos los colombianos para compartir mi posición frente a la coyuntura que atraviesa el país. Reitero mi compromiso con la Constitución, el Estado de Derecho y el mandato que millones de ciudadanos expresaron libremente en las urnas.
Hago un llamado a las instituciones, a la Fuerza Pública, a la comunidad internacional y a todos los colombianos a mantenerse firmes en la defensa de la democracia y del orden constitucional. También anuncio decisiones relacionadas con el proceso de empalme, convencido de que la voluntad del pueblo debe respetarse sin excepciones.
Dios, el voto y la democracia hablaron. El 7 de agosto está cada vez más cerca.
Firme por la Democracia. Firme por la Patria.
(A.D.L.E) 🇨🇴🐅
Nos dijeron exagerados. Nos dijeron alarmistas. Nos dijeron que no era para tanto. Pero hoy queda más claro que nunca: Gustavo Petro debe ser juzgado. En Cívicos fuimos los primeros en advertirlo, y no nos cansaremos de repetirlo: Juicio Político ya.
Mira la transmisión completa de nuestro #CívicosLive
👉🏻 https://t.co/op1YJnIzd7
Petro: el primero que sabe que el presidente Abelardo De La Espriella y yo jamás hemos sido paramilitares es usted.
Primero, por su gran relación con los paramilitares bajo el disfraz de la Paz Total.
Y segundo, porque mientras yo estaba siendo secuestrado y torturado por Carlos Castaño, usted estaba tomando whisky con él y haciendo comentarios hostiles contra mí para que Castaño me matara.
Usted sabe que yo sé que usted no es un hombre de la revolución sino de la corrupción.
Por eso lo tiene tan enloquecido el #EmpalmeAnticorrupción.
Petro: deje de seguir mintiendo. ¿Cuál desobediencia civil? Puras cortinas de humo para distraer de los delitos que usted ha cometido y que van a ser juzgados.
“Y vístase el presidente de la República de blanco con la familia… a hacer un homenaje de santería el día de las elecciones en Colombia”.
Tiene toda la razón @carluciolopez
I've always thought that the campaign against "ultra-processed" foods was mindless. What the heck does that even mean: the more things you do to food, the less healthy it is? New RCTs and analyses confirm that the stigma is meaningless (it's calories, fiber, & other causes, not "ultraprocessing") and even harmful: it encourages RFKj's MAHA quackery. I suspect that food researchers are subject to class bias: food that poor people like and can afford must be unhealthy. https://t.co/LaVlWVSd9F
Antes del gobierno, antes del empalme, antes de los nombramientos, hubo una tarea silenciosa: reunir a los mejores para preparar la patria milagro. Coherencia, competencia y manos limpias al servicio de Colombia.
Mira la transmisión completa de nuestro #CívicosLive
👉🏻 https://t.co/4Bu3f4G0hL
🚨EL ARCA DE NOÉ: QUÉ ES, CÓMO SE HIZO Y POR QUÉ FUE ENTREGADA🚨
Por: Carlos Alonso Lucio.
Te invitamos a ver nuestro #CívicosLive de hoy miércoles 1 de julio a las 8:00 P.M. por nuestro canal de YouTube Cívicos.
👉🏻 https://t.co/a4KzZId3DX
Le progressisme est le pire cancer des 50 dernières années.
Pas parce qu'il est "de gauche".
Parce qu'il a volé un mot — progrès — pour vendre exactement son contraire.
C'est la thèse de Thiel. Une fois que tu la vois, tu ne peux plus la dé-voir.
Dans les années 60, l'Occident construisait. On allait sur la Lune. On bâtissait des centrales nucléaires, des avions supersoniques, on parlait sérieusement de coloniser Mars et de vaincre le cancer en dix ans. Le progrès, c'était des atomes : de l'énergie moins chère, des transports plus rapides, des vies plus longues.
Puis quelque chose s'est cassé autour de 1971.
L'innovation dans le monde physique s'est arrêtée net. Le Concorde a été retiré — on vole moins vite aujourd'hui qu'il y a 50 ans. Le nucléaire a été tué par la peur. Le salaire réel médian a stagné pendant un demi-siècle. "On nous avait promis des voitures volantes, on a eu 140 caractères."
Mais l'humain a besoin de croire qu'il avance. Alors le progressisme a fait une chose géniale et terrifiante : il a déplacé le mot "progrès" du monde des atomes vers le monde des symboles.
Puisqu'on ne savait plus agrandir le gâteau, on a décrété que le seul combat qui compte était de le redécouper. Plus de croissance à promettre ? On promet de la redistribution, de la repentance, des comités, des labels, des normes. La machine à créer a été remplacée par la machine à gérer le déclin — et on a appelé ça "le bon côté de l'Histoire".
C'est là que Girard rejoint Thiel. Le progressisme n'est pas une politique, c'est une religion sécularisée. Il a gardé tous les rouages du christianisme — le péché, la culpabilité, la confession, le bouc émissaire à sacrifier — mais il a jeté la rédemption et la transcendance. Résultat : une religion qui ne sait que désigner des coupables. Jamais pardonner. Jamais construire.
Et les coupables désignés, ce sont toujours les mêmes : ceux qui bâtissent. L'entrepreneur, l'ingénieur, le fondateur, celui qui prend des risques et crée quelque chose à partir de rien. Pendant ce temps on érige en héros le commentateur, le régulateur, le consultant — celui qui ne produit rien mais qui distribue les bons points moraux.
Voilà pourquoi c'est un cancer, au sens propre. Une cellule cancéreuse n'est pas un envahisseur extérieur. C'est une cellule de ton propre corps qui oublie sa fonction, refuse de mourir, et se met à grossir sans rien produire d'utile — jusqu'à étouffer les organes qui font vivre l'ensemble. Le progressisme, c'est exactement ça : une partie de la société qui a cessé de créer de la valeur, qui se nourrit de celle des autres, et qui appelle ça de la vertu.
La bonne nouvelle, c'est qu'un cancer, ça se soigne. Le remède n'est pas la nostalgie. C'est de rendre au mot "progrès" son sens originel : construire des choses réelles. De l'énergie abondante. Des frontières nouvelles. Des fondateurs qu'on célèbre au lieu de les juger.
Le futur n'appartient pas à ceux qui redécoupent le gâteau. Il appartient à ceux qui en font un plus grand.