Aquí no se va a librar ni Dios. El que se atreva a cobrar más del salario mínimo va a ser canibalizado por la envidia del país más comunista del mundo.
@acabadoestoy El mayor caso de histeria colectiva que he visto. En el hospital donde ejerzo, todas las noches durante 2-3 meses, 5 o 6 casos de supuestos pinchazos. Ni un solo positivo en tóxicos. Dejó de salir en las noticias y desaparecieron.
La censura de Ana Iris Simón en las páginas de El País ha revelado una verdad incómoda para muchos: en la España actual, ser de izquierdas tampoco garantiza libertad, sino que a menudo obliga a la sumisión a una ortodoxia ideológica que no admite disidencias internas. No es la derecha quien calla a Ana Iris; es su propia tribu, aquella que hasta hace poco la vitoreaba por ser la voz del desencanto joven, quien la expulsa por no entonar el salmo oficial.
El progresismo dominante ha dejado de ser una plataforma para ampliar derechos civiles y se ha convertido en una coartada para blindar la impunidad de un poder cada vez más cuestionado. Lo progresista ya no es cuestionar la autoridad, sino rendirse a ella si viene con la etiqueta adecuada. Los medios y los creadores de opinión ya no parecen prosperar cuando actúan como contrapesos democráticos, sino cuando se pliegan a un papel de apéndices del nuevo clero socialista, prestos a excomulgar al hereje que se atreva a pensar por sí mismo. Lo que se impone no es la argumentación, sino la fidelidad tribal: no importan los hechos, importa de qué lado estás.
En este clima, la izquierda mediática no se escandaliza por la corrupción, la arbitrariedad judicial o los pactos con los enemigos de la legalidad democrática. Lo único que les indigna es que alguien del “bando correcto” se atreva a señalar la contradicción entre las ideas y las palabras, por un lado, y entre las palabras y los hechos, por otro. Así, la crítica interna se vuelve más intolerable que la externa, porque desestabiliza el relato mesiánico de un líder cuya única garantía de supervivencia es la sumisión completa de los suyos.
El caso de Simón es paradigmático: su pecado no ha sido traicionar valores progresistas, sino recordar que esos valores deben servir al ciudadano y no al partido. En un sistema que ha sustituido el debate por el dogma y el pluralismo por la fe, el disidente deja de ser interlocutor para convertirse en traidor. El socialismo posmoderno no necesita convencer, le basta con ordenar. El progresismo que calla a Ana Iris no quiere más derechos para los ciudadanos. Quiere más privilegios para el Partido. Y esa no es una deriva ideológica: es una degeneración democrática en toda regla.
@GalantisRules@ferlopinga@Fel_blan Con todo el respeto, no sabes nada de lo que hablas. En primer lugar es imposible hacer 4 guardias a la semana (96h semanales de trabajo). Y en segundo, 9000€ netos al mes está lejos del sueldo normal de un médico de la pública
@Plustey_Vensus@Brunet06678007@eskroti17 Viendo tu forma de contestar, de lo que no estás lejos es de cobrar una paga por disminuido mental, así que háztelo mirar. Sigue cascándotela con manga y vete a darle la chapa con lo que cobras al que le interese tu miserable vida.
@Plustey_Vensus@Brunet06678007@eskroti17 Eres tú quien está llorando sobre lo que trabajamos y cobramos otros, sin conocimiento alguno y escondido detrás de un perfil anónimo. Cobarde y envidioso, para variar. Un informático con olor a cerrado dando cátedra sobre un colectivo al que no pertenece