Defeco en casa antes de salir, pero aguardo a limpiarme el ano en el trabajo, para así no gastar papel higiénico. Lo que ahorro lo meto a un fondo indexado al SP500 y, si todo va bien, en 85 años a un 10% de interés compuesto anual, puedo acumular unos 2,5 millones de euros.
Solo teníais que solucionar el tema de la vivienda. Solo eso. Y ahora en el tiempo de descuento, después de 8 años de hacer nada, vienes con un “manifestadlo fuerte”. Los huevos como el caballo del espartero.
Por fin comparten algo el Gobierno y su oposición (PP y VOX):
El miedo a Marruecos.
Por lo que sea.
Pecho palomo con el chaval que llega a nado y orejas gachas con el sátrapa que vive en un palacio y te los envía por orden de Washington y Tel Aviv.
Valientes cobardes.
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El problema no es el discurso contra la clase trabajadora de Feijóo, el problema es la cantidad de clase trabajadora que votará a Feijóo gracias a ese discurso.
Y lo que debería preocupar realmente a la izquierda.
Es decir:
¿Qué hacemos mal para que esto pase?
Habla de absentismo cuando son bajas pero nunca habla de subir sueldos (excepto si es el suyo , 391.000 euros al año ) o de mejorar condiciones laborales, pagar las horas extras…
Y hay trabajadores que le escuchan y le aplauden…
Hoy han desahuciado a mi madre.
Hoy he visto cómo la comisión judicial entraba en la casa donde crecí.
La casa a la que mi madre se mudó cuando se casó.
La casa donde aprendí a caminar.
Donde celebramos cumpleaños.
Donde discutimos y nos reconciliamos.
La casa donde mi padre pasó sus últimos días de vida.
Hoy un cerrajero ha cambiado la cerradura de esa puerta.
La misma que abrí miles de veces sin imaginar que algún día ya no sería nuestra.
Hay algo profundamente frío en cómo el sistema convierte una vida entera en un trámite.
Siempre hablamos de los desahucios como cifras.
Miles al año. Decenas cada día.
Pero cuando te toca, deja de ser estadística.
Tiene recuerdos en los cajones.
Tiene marcas en la pared donde medías tu altura.
Mi madre es viuda. Jubilada.
No tiene un certificado oficial de “exclusión social”.
No aparece en ningún titular.
No cumple quizá todos los requisitos burocráticos para que el sistema la considere vulnerable.
Y, sin embargo, lo es.
Está en ese limbo donde no eres lo suficientemente pobre para que te protejan,
pero sí lo suficientemente frágil como para quedarte sin nada.
Si a mí no me hubiera ido bien, hoy estaría sin un techo.
Con la pensión embargada.
Con todo embargado.
Después de una vida entera trabajando.
¿Cómo puede ser que en un país que presume de bienestar la vivienda no sea protegida como un derecho fundamental real y efectivo?
No hablo de regalar casas.
Hablo de impedir que una persona mayor, viuda y jubilada pueda quedarse literalmente en la calle.
Hablo de entender que el hogar no es un activo financiero más.
Es el lugar donde una vida ocurre.
Yo he podido comprarle otro piso.
He podido amortiguar el golpe.
Pero eso no convierte el sistema en justo.
Solo convierte mi historia en una excepción afortunada.
Porque la diferencia entre estar protegido y estar en la calle no debería depender de si tu hijo ha tenido éxito.
Debería depender de si somos una sociedad que entiende que hay mínimos que no se negocian.
Hoy no solo han cambiado una cerradura.
Han confirmado que el derecho a la vivienda sigue siendo papel mojado cuando deja de cuadrar en una hoja de cálculo.
Y mientras eso siga siendo así, seguiremos llamando “normal” a algo que, si lo miramos de frente, es profundamente inhumano.
That's us! 🌍
The Artemis II crew captured beautiful, high-resolution images of our home planet during their journey to the Moon. As @Astro_Christina put it: "You guys look great."