A veces en medio de la rutina se nos olvida el mundo que hay allá afuera. Hay un sinfín de posibilidades. Los cambios dan miedo y generan incertidumbre, pero todo lo que vale la pena requiere esfuerzo y un poco de incomodidad. Elige bien dónde poner tus esfuerzos. Cuando menos se espera llega algo que vale la pena. No aplaces más las cosas que te hacen feliz. Disfruta ya. A nadie le importa realmente cómo te sientes o lo que quieres lograr, cada quién piensa en su propio trasero. Elige bien con quién ser frágil. Lo que le confíes a la persona equivocada lo usará después de manera miserable. Y una sentadilla por cada vez que llegues tarde. Ojo ahí.
No puedes andar por la vida tratando de caerle bien a todo el mundo. Hay gente que no te va a soportar y está bien. Habrá gente que te desespera y también está bien. Si vas a hacer cambios en ti, que sean porque los necesitas para mejorar, para volverte un lugar bonito para ti y para la gente que te quiere. Pero jamás cambies tu esencia por culpa de gente que no te aporta nada.
Una sentadilla por cada vez que alguien te critique, deja de tragar tantas harinas y ahorra. Y menea esas nalgas al caminar. Si no tienes nalgas, procura trabajar en tu personalidad para que no se note. Te quiero.
Todos hemos sido el villano en la historia de alguien. Por un mal día, por un error, por falta de tacto o porque decidimos serlo en ese momento. No podemos caerle bien a todo el mundo y está bien.
A veces le vas a caer mal a alguien solo porque sí. O hay gente con la que definitivamente no habrá ninguna conexión, no pierdas el tiempo.
Tú te irás dando cuenta de lo que puedes mejorar, lo que puedes cambiar, los errores que puedes corregir, elige hacerlo. Pero por ti. Y no dejes que las inseguridades se coman tus habilidades. Tú sabes en lo que eres bueno, no lo olvides.
Y si estás solo frente al arco, METE EL GOL 😡
El desierto no fue un accidente. Tampoco fue un error. El desierto fue un plan. Hay lecciones que sólo se aprenden donde no hay nada y hay verdades que sólo se revelan cuando se acaba todo.
El desierto es el lugar donde Dios desnuda al hombre de sus recursos, para vestirlo de dependencia. Donde no hay agua, para que sepas quién es la Fuente. Donde no hay pan, para que recuerdes quién es el Pan. Donde no hay sombra, para que busques la Nube.
El desierto revela si adoras a Dios o si sólo adorabas lo que Él te daba. En el desierto no sobreviven los talentosos, sobreviven los obedientes. En el desierto no caminan los fuertes, camina el que confía. El desierto es la universidad de Dios: nadie se gradúa sin pasar por ahí.
Es ahí donde se prueba el corazón. Es ahí donde se sacuden los ídolos. Es ahí donde Dios te enseña a vivir de lo invisible. A caminar por fe.
A comer maná. A beber de la roca. A confiar cuando no ves nada y a seguir, aunque no sientas nada.
El desierto no te mata. Te construye. El desierto no es el final. Es la antesala de la Tierra Prometida. El desierto no es derrota. Es diseño.
Y si hoy estás ahí, no temas… Dios sigue estando en el desierto. Y en el desierto… los cielos siempre están más cerca.
“El Señor tu Dios te hizo caminar estos cuarenta años en el desierto… para hacerte bien al final.”
(Deuteronomio 8:16)
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