Un paciente con Depresión Mayor, lo que quieres es cama y no precisamente para dormir, porque no puede, el insomnio es fatal, sino porque no quiere socializar con nadie, no quiere escuchar a nadie, tampoco tiene la mas mínima motivación para pararse de esa cama, lo hace obligado, porque le toca ir a trabajar, es eso o morir de hambre. No siente placer por nada, lo que antes disfrutaba, un partido de futbol, jugar tenis, arreglarse, hacerse las uñas, ya no le provoca (a este sintoma se le llama anhedonia), la falta de voluntad, motivación, de empuje, de arranque es un sintoma al que se le llama: abulia. Su cerebro esta enfermo, apagado, no produce neurotransmisores y a veces hasta tiene una actividad electrica anormal (por eso hay que evaluar tambien por neurología). Gracias a Dios, con una buena evaluación y tratamiento médico mas psicoterapia, todo mejora. Calma, paciencia que si hay salida.
Feng Tsan-Huang, un artista que vive en Taiwán, ha dedicado más de tres décadas de su vida a fabricar cometas y una de sus creaciones toma la forma de una bicicleta…
"El amor eterno no existe. Hasta la más fuerte pasión tiene su tiempo de vida. Llegando su día, se acaba; nace otro amor. -Por eso mismo el amor es eterno -concluyó Juan Fulgencio-. Porque se renueva. Terminan las pasiones, es el amor el que permanece".
"Gabriela, clavo y canela", Jorge Amado
📷Paul Almasy
Tomado de Facebook: "Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana, mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno, sufrió un infarto y cayó. Mi padre la levantó como pudo y, casi a rastras, la subió a la camioneta. A toda velocidad, sin respetar semáforos, la condujo hasta el hospital.
Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.
Durante el sepelio, mi padre no habló; su mirada estaba perdida. Casi no lloró.
Esa noche, sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia, recordamos hermosas anécdotas y él pidió a mi hermano, teólogo, que le dijera donde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, y de conjeturas de cómo y dónde estaría ella.
Mi padre escuchaba con atención. De pronto pidió que lo lleváramos al cementerio.
"¡Papá!", respondimos, "¡son las 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora!".
Alzó la voz, y con una mirada vidriosa dijo:
"No discutan conmigo, por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años".
Se produjo un momento de respetuoso silencio, no discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador. Con una linterna llegamos a la tumba. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos, que veíamos la escena conmovidos:
"Fueron 55 años... ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero, si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer".
Hizo una pausa, y se limpió la cara. "Ella y yo, estuvimos juntos en aquella crisis. Cambié de empleo...", continuó. "Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de los seres queridos, oramos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores... Hijos, ahora se ha ido, y estoy contento, ¿saben por qué?
Porque se fue antes que yo. Ella no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto, que no me hubiera gustado que sufriera...".
Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado en lágrimas. Lo abrazamos, y él nos consoló: "Todo está bien, podemos irnos a casa; ha sido un buen día".
Esa noche entendí lo que es el verdadero amor; dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, ni con el sexo, más bien se vincula al trabajo, al complemento, al cuidado y, sobre todo, al verdadero amor que se profesan dos personas realmente comprometidas".
El problema actual, es que nos exigen trabajar y ser mas productivos para generar mas dinero, lo que no nos dicen es que tenemos que sacrificar nuestra salud mental para eso. Luego andamos ansiosos y deprimidos preguntándonos: ¿por qué sera que me siento asi?
Nada facil...