Si estás esperando que Lionel Messi pierda la final de la Copa del Mundo ante la Selección de España, este mensaje es para ti:
No sufras más y no te hagas más daño, por favor. Este señor ya no tiene absolutamente nada que demostrar. Ya completó el fútbol como nadie lo había hecho en toda la historia. Sin importar qué suceda en su tercera final del mundo, él ya le ganó a este deporte para siempre.
Este domingo solo siéntate, prende la TV y disfruta del cierre del mejor último baile mundialista de todos los tiempos. Este domingo solo siéntate, prende la TV y aprecia la despedida mundialista del genio que mejor ha tratado a la pelota en toda la historia.
Lo hemos escrito muchas veces y lo volvemos a repetir: es respetable que tu jugador favorito sea otro, pero no tiene sentido que intentes seguir con un debate que no existe. Es válido que tu ídolo sea otro futbolista o que te identifiques más con otro crack, pero no tiene ningún caso que te sigas esforzando en negar la realidad.
El rey es uno solo.
Y todos sabemos quién es.
MESSI. SIEMPRE MESSI.
Corrió el pelotazo, trabó y le ganó a Spence, cuidó la pelota con la derecha y le giró con la zurda a Harry Kane como si fuera un amateur, después le metió un caño suave a Anthony Gordon y amagó con un gesto a Anderson.
Todo esto con casi 40 años y en una semifinal de un Mundial
Y con 39 años, lo ves corriendo al minuto 90 y poniéndole el gol a Enzo y asistiendo a Lautaro para la remontada. No es la FIFA, señores, no son los árbitros.
Es LIONEL MESSI, señores. Leyenda eterna.
Pasan los días, los meses, los años, y en este deporte solo parece existir una verdad irrefutable: nunca puedes dar por perdido a Lionel Andrés Messi. Jugando mal, con marcador adverso, y con todo encima es capaz de ponerse el equipo al hombro y meter clasificación histórica.