No es China ni Japón.
Es Bogotá en la Avenida Boyacá frente al Centro Comercial Titán Plaza.
Un semáforo que en nada ayuda y que empeoró la situación para peatones y ciclistas que quedan en la mitad de la via arriesgando su integridad @SectorMovilidad.
🗳️En esta campaña es inútil tratar de aportar datos, recordar hechos o citar cifras. 💬 Las razones fueron anuladas por las emociones; los argumentos, arrasados por sentimientos y la sensatez, devorada por la estolidez. 😱 Todo se volvió un diálogo de sordos. 😥 ¡Qué cansancio…!
Luego del gobierno de Duque, la derecha quedó debilitada y arrinconada; pero después de cuatro años de caos y torpeza, Petro la tiene a punto de regresar a la casa de Nariño. — #TrazosDelMundo, en @NoticiasRCN
Ser Pro vida es ser:
•Donante de Sangre
•Donante de Órganos
•Donante de Médula Osea
•Donate de Células Madres.
No es estar a favor que una niña violada de 11 años sea obligada a parir
Eso es ser Pro Fetos, no Pro Vidas
vayan al hospital a donar Sangre y quédense callados
Cada persona con la que hablo dice que le gustaría votar por Fajardo pero que va a votar por Abelardo o por Paloma porque Sergio no gana. Hoy me di cuenta de que esto no tiene sentido: Si todos los que quisiéramos votar por Sergio votáramos por el en lugar de darlo por perdido, no estaria perdido, sino que podría pasar a la segunda vuelta. Y en esa vuelta podría ganarle a Cepeda. Eso requeriría que Fajardo pase de la teoría a la accion y a ser
Emel lider que Colombia necesita para enfrentar las crisis que deja este gibierno para que las arregle el que sigue.
Una campaña presidencial sin debate entre quienes tienen mayor opción de llegar a la Presidencia limita el conocimiento ciudadano sobre sus propuestas para el futuro de la Nación. Y sin debate, no hay voto a conciencia.
¿Qué tal si armamos un movimiento en redes, sin importar si somos de izquierda, de derecha o de centro, para presionarlos a debatir? Basta del juego del perro y el gato. No debatir es faltarle el respeto a Colombia.
Exijamos respeto. Los candidatos se deben a Colombia.
Cuando estudiar deja de importar.
Por Carolina Restrepo Cañavera
Quisiera hacer una pregunta en voz baja. No a los que ya tienen cargo. No a los que ya están instalados en el poder.
A los muchachos.
A los que están estudiando.
Y a los que quieren estudiar.
A los que madrugan a clase.
A los que trabajan y estudian al tiempo.
A los que se endeudan con la esperanza de que el título sea una escalera.
A los que creen que el conocimiento todavía significa algo.
¿Cómo defienden un gobierno que, en los hechos, les está diciendo que la preparación no importa?
No estoy hablando de matices técnicos. Estoy hablando de señales evidentes.
De nombramientos en altos cargos de personas sin preparación suficiente. Y, en algunos casos, sin ninguna preparación para la responsabilidad que asumen.
Sin experiencia.
Sin trayectoria.
Sin formación coherente con el cargo.
Y no es un ataque personal. Es una constatación institucional. Porque cuando el Estado normaliza la improvisación, el mensaje no es privado. Es público. Es pedagógico.
El mensaje es claro: la lealtad política pesa más que la competencia.
La afinidad ideológica vale más que la idoneidad.
La narrativa sustituye al conocimiento.
Y mientras tanto, a ustedes les dicen que estudien. Que se preparen. Que el futuro está en la educación.
¿Prepararse para qué?
¿Para competir en un sistema donde el mérito no es el criterio de ascenso?
¿Para creer en la excelencia cuando el propio poder la relativiza?
¿Para pagar créditos educativos mientras se debilitan o desmantelan los instrumentos que hacían posible que el talento sin recursos pudiera avanzar?
Porque el problema no es solo simbólico. Es estructural.
Cuando se debilita el ICETEX en vez de reformarlo con rigor técnico.
Cuando utilizan al SENA bajo el ropaje de justicia social pero lo que evidentemente buscan es caja y no el bienestar de los estudiantes.
Cuando se asfixian programas como Colfuturo en vez de fortalecerlos.
Cuando se desprecia la experiencia bajo el argumento de que es “elitista”.
Cuando se presenta la preparación como sospechosa y la técnica como secundaria.
Lo que se erosiona no es una política pública. Es una cultura.
La cultura del esfuerzo.
La idea republicana básica de que quien se forma, es disciplinado y se prepara tiene derecho a aspirar a más. No por apellido. No por militancia. No por consigna. Por capacidad.
Yo entiendo la crítica a las desigualdades históricas, es legítima.
El acceso a la educación no ha sido equitativo y eso debe corregirse. Pero ampliar oportunidades no significa degradar estándares.
Democratizar el mérito no implica vaciarlo de contenido.
Un país serio eleva el nivel. No lo rebaja.
Ustedes, que están estudiando.
Ustedes, que quieren estudiar.
Ustedes, que creen que el esfuerzo tiene sentido.
¿De verdad sienten que este es un gobierno que cree en el mérito?
¿O sienten que cree en la obediencia?
Cuando se nombra sin preparación y a veces sin ninguna preparación, el mensaje es brutal: estudiar es opcional.
Prepararse es accesorio. Lo determinante es estar alineado.
Eso no es justicia social. Eso es mediocridad institucionalizada.
Y la mediocridad no libera. Empobrece.
Yo no les hablo desde la indignación superficial. Les hablo desde una convicción profunda, sin mérito no hay movilidad. Sin excelencia no hay progreso. Sin estándares no hay futuro.
Si estudiar deja de ser una ventaja real, entonces el país está renunciando a su propia posibilidad de mejorar.
Por eso pregunto, sin ironía y con genuina preocupación:
¿qué están defendiendo exactamente?
Porque si el mensaje es que la preparación no importa, los primeros a quienes se les está cerrando el horizonte son ustedes.
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
“Cinco minutos después de nacer, decidirán tu nombre, nacionalidad, religión y secta, y pasarás el resto de tu vida defendiendo desesperadamente cosas que no elegiste.”
- Arthur Schopenhauer
Qué carajo pasa por la mente de esta conductora que este martes se estacionó en la AV Suba con 91 x más de 15 minutos, así, a medio metro del anden, estorbando todo, mientras se retocaba el maquillaje y el pelo. Un nivel de inconsciencia inverosímil!
@PasaenBogota@JD_Quinteror
Si el Gobierno aprueba la fusión entre Tigo y Movistar, dos empresas manejarán casi todo el internet y la telefonía del país. Menos competencia = precios más altos y peor servicio.
Una privatización y un duopolio que pagaremos los usuarios si el Gobno lo permite. ¿Qué dirán el Presidente @PetroGustavo y @cielo_rusinque ?