Aplausos de pie para el comandante Romero. Gracias por su empatía hacia el pueblo de Venezuela. Se hace necesaria también una carta suya al presidente Trump dígale que el pueblo de Vzla NO está feliz y tampoco baila alegre en las calles. Estamos INDIGNADOS, DOLIDOS Y HASTIADOS
"María Corina representa la moral y ese es el gran miedo de Delcy y de Trump": Antonio de la Cruz sobre el posible retorno de la Premio Nobel de Paz a Venezuela https://t.co/S0GawYfZRx
URGENTE 🇻🇪 🇺🇸 | ¡ÚLTIMA HORA! 🚨 | Congresista estadounidense Carlos Gimenez:
"Estoy a favor de cualquier esfuerzo que... acelere el proceso de... restauración de la democracia... y la libertad para el pueblo de Venezuela".
🇺🇸🇻🇪‼️| Michael Flynn, exasesor de seguridad nacional estadounidense, se expresó en redes sociales y mostró su indignación contra Diosdado Cabello: “Tiene una recompensa de 25 millones, no puede estar a cargo de nada. Es acusado de matar a su propia gente y ha causado crímenes horribles contra ciudadanos de Estados Unidos”.
¡Desgraciados! Es lo que estas indignadas mujeres le gritan a estos integrantes de Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas. En lugar de ayudar llegaron a robar. Esto ocurrió en el edificio Vallarta, ubicado en la urbanización Playa Grande, en Catia La Mar.
180 días: el reloj que la Constitución encendió y que Venezuela no puede dejar correr en falso
Por Esteban Gerbasi
Hay un número que define este momento de Venezuela, y conviene decirlo sin rodeos: 180 días.
Ese es el plazo que la Constitución de 1999 fija, en su artículo 234, como límite máximo absoluto para que el Vicepresidente Ejecutivo supla una falta temporal del Presidente —noventa días, prorrogables por la Asamblea Nacional por noventa más. No es una sugerencia. No es un margen flexible. Es un techo. Y los constituyentes lo escribieron precisamente para impedir lo que hoy estamos viendo: un poder ejercido sin mandato, de manera indefinida, por quien nadie eligió para gobernar.
Superado ese plazo, la Constitución no guarda silencio. Habla con claridad. El mismo artículo 234 establece que, cuando la falta se prolonga, es la Asamblea Nacional —y solo ella— quien decide si debe considerarse falta absoluta. Y una vez calificada esa falta, el artículo 233 ordena lo que debe ocurrir: convocatoria a elecciones universales en treinta días, con una encargaduría estrictamente transitoria mientras tanto.
Esto no es interpretación. Es el texto. Lo demás es maniobra.
La maniobra tiene nombre
Porque sabemos lo que el régimen remanente intentará. Lo hemos visto antes: usar al Tribunal Supremo de Justicia para inventar plazos que la Constitución no contempla, para confundir deliberadamente la suplencia transitoria con una sucesión que la Carta Magna no autoriza, para vestir de formalidad jurídica lo que en el fondo es una usurpación.
Que quede claro: mantener a Delcy Rodríguez en el ejercicio del poder más allá de los 180 días no es continuidad institucional. Es poder sin mandato. Es la Constitución reescrita por quien controla los tribunales, no por quien tiene el voto del pueblo.
Por qué no podemos dejar a Delcy
Se nos dirá —ya se nos dice— que mantenerla es preferible al caos. Que es la opción de la estabilidad. Hay que responder a ese argumento con la verdad, y la verdad es esta: su permanencia no produce estabilidad. Produce parálisis represiva.
Y lo produce en el peor momento posible. Venezuela acaba de ser golpeada por una catástrofe. El doble terremoto de junio dejó cientos de muertos, miles de heridos, infraestructura destruida y comunidades enteras esperando una ayuda que el mundo está dispuesto a enviar. En una emergencia así, la pregunta no es ideológica. Es práctica y es moral: ¿quién va a administrar esa ayuda?
Un poder que prioriza el control político sobre el rescate convierte la solidaridad internacional en instrumento de clientelismo. Distribuye según lealtades, no según necesidades. Desvía hacia sus redes lo que debería llegar a los escombros. Deja afuera a quien no se somete. Dejar la respuesta humanitaria en manos del círculo que ya conocemos no es prudencia: es garantizar que los recursos del mundo financien la supervivencia del régimen en lugar de salvar vidas venezolanas.
Y mientras eso ocurre, las puertas siguen cerradas. Se le impide el regreso al país a María Corina Machado, líder opositora y Premio Nobel de la Paz. No es un detalle. Es la confesión de un proyecto: quien controla el espacio aéreo y las fronteras para impedir el retorno de la oposición no tiene la menor intención de convocar elecciones libres. La ausencia de un calendario electoral creíble no es desorden. Es estrategia de dilación.
Lo que sí produce estabilidad
La estabilidad real no nace del vacío administrado por quien tiene todos los incentivos para perpetuarlo. Nace de la legitimidad. Y la legitimidad, en Venezuela, tiene una sola fuente válida en este momento: el acto constitucional de la Asamblea Nacional calificando la falta absoluta, y la convocatoria a elecciones que la Constitución ordena.
Sobre esa base —y solo sobre ella— se construye todo lo demás: una respuesta humanitaria transparente y auditada, que llegue a quien la necesita y no a quien la administra; un esfuerzo de reconstrucción regido por principios humanitarios internacionales y por independencia operativa frente a cualquier facción; la recuperación de los activos saqueados; y un calendario electoral que el pueblo pueda creer.
El acompañamiento internacional es bienvenido y necesario, anclado en intereses que son legítimos y compartidos: seguridad hemisférica, estabilidad migratoria, certidumbre energética. Pero ese acompañamiento debe ser instrumental y subsidiario de un acto venezolano. El mundo puede ayudar. No puede sustituir. La soberanía se preserva, justamente, porque el acto fundacional es interno y es constitucional.
El costo de no actuar
Los riesgos de la inacción no son abstractos. Son una secuencia conocida: la consolidación de Delcy Rodríguez como heredera del régimen; la ayuda capturada y desviada; una nueva ola de migración forzada; la profundización del control territorial del crimen organizado. Y, sobre todo, el cierre de una ventana que —paradójicamente— abrió la propia tragedia del terremoto.
Porque las crisis, además de dolor, traen claridad. Y esta crisis dejó al descubierto una verdad sencilla:
El reloj constitucional ya marca el final del plazo. Lo que viene después no se negocia con el régimen: se cumple con la Constitución. Y lo que la Constitución exige no es que dejemos a Delcy. Es que devolvamos a Venezuela a su pueblo, en las urnas, sin más demoras.
Venezuela libre no es una consigna. Es un mandato constitucional que hoy tiene fecha.
¿Qué ocurre cuando un desastre natural deja al descubierto la verdadera capacidad de un Estado para proteger a su población?
En mi entrevista con @IdaniaChirinos para @NTN24, analizamos cómo el terremoto del 24 de junio no solo desencadenó una tragedia humanitaria, sino que también evidenció una profunda crisis de gobernabilidad en Venezuela.
Conversamos sobre el intento de regreso de @MariaCorinaYA, el papel de la administración @realDonaldTrump, la crisis de legitimidad del poder político frente a la emergencia, el protagonismo de la sociedad civil en la coordinación de la ayuda humanitaria y el nuevo escenario geopolítico que comienza a definirse.
Cuando las instituciones fallan, la pregunta deja de ser quién gobierna y pasa a ser quién protege a la población. Esa respuesta puede marcar el futuro político de Venezuela.
▶️ Mira la entrevista completa en mi canal de YouTube. El enlace está en mi perfil.
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#Venezuela #Geopolítica #CrisisHumanitaria #NTN24 #AntonioDeLaCruz #AnálisisPolítico
"El presidente Trump está muy desorientado en cuanto a qué camino tomar, la relación con los Rodríguez y Diosdado Cabello es 'contra natura' desde el comienzo (...) no es sostenible", señala el profesor @hectorschamis https://t.co/CXyaotioAD
Todo esto no es más que mercadeo político del régimen de Delcy Rodríguez. La realidad en Venezuela es otra: el shock, el miedo y el dolor del terremoto del 24 de junio se han convertido en rabia y desesperación.
@realDonaldTrump lleva seis meses hablando de tutela sobre el narco régimen, presumiendo los miles de millones cobrados con el petróleo venezolano. Pero lo que existe es una sociedad cómplice con el Cartel de los Soles y un régimen criminal que esta tragedia deja al desnudo.
Estoy profundamente decepcionado por cómo esta administración ha tratado a los venezolanos. Y la cereza del pastel: el irrespeto hacia @MariaCorinaYA , líder de Venezuela, amenazada por el régimen y manipulada por algunos funcionarios estadounidenses, solo por querer regresar a su país a asumir su responsabilidad.
Como ciudadano orgulloso de Estados Unidos, a horas de sus 250 años, siento vergüenza ajena al ver cómo se sostiene a un narco régimen terrorista.
Y para rematar, Trump declara que "fuera del terremoto, la gente está feliz y bailando en las calles". ¡Qué cinismo, Presidente! Es una burla a nuestro sufrimiento.
Dear Mr. President @realDonaldTrump and Secretary of State @SecRubio
180 Days: The Constitutional Clock Has Run Out—and Why Delcy Rodríguez Cannot Be the Answer
By Esteban Gerbasi
There is one number that defines this moment in Venezuela, and it deserves to be stated plainly: 180 days.
That is the absolute maximum term the 1999 Constitution sets, in Article 234, for the Executive Vice President to stand in for the President during a temporary absence—ninety days, extendable by the National Assembly for ninety more. It is not a suggestion. It is not a flexible margin. It is a ceiling. And the framers wrote it precisely to prevent what we are watching today: power exercised without a mandate, indefinitely, by someone no one elected to govern.
Once that term is exceeded, the Constitution does not fall silent. It speaks clearly. Article 234 itself provides that, when the absence is prolonged, it is the National Assembly—and only the National Assembly—that decides whether it must be deemed a permanent absence. And once that is declared, Article 233 dictates what must follow: a universal election within thirty days, with a strictly transitional caretaker in the interim.
This is not interpretation. It is the text. Everything else is maneuvering.
The maneuver has a name
We know what the remnant regime will attempt, because we have seen it before: using the Supreme Tribunal of Justice to invent deadlines the Constitution does not contemplate, to deliberately blur transitional stand-in authority into a succession the charter does not authorize, to dress up what is, at bottom, a usurpation in the clothing of legal formality.
Let it be clear: keeping Delcy Rodríguez in power beyond the 180 days is not institutional continuity. It is power without a mandate—the Constitution rewritten by whoever controls the courts, not by whoever holds the people’s vote.
Why this matters to the United States
This is not only a Venezuelan constitutional question. It is a direct American interest, and the stakes map cleanly onto the priorities this Administration has set for the hemisphere.
Hemispheric security. A regime that survives Maduro under another face keeps intact the same networks that turned Venezuelan territory into a corridor for transnational organized crime. The structures behind narcotrafficking, illicit finance, and the armed groups that destabilize neighbors do not dissolve on their own—they deepen under a power that needs to finance itself without accountability. A genuine transition is the only path that dismantles them rather than entrenching them.
Migration. Every month of prolonged uncertainty and repression is another month of forced displacement pressing northward. Stability built on a vacuum administered by those with every incentive to prolong it does not slow that flow. It accelerates it. A credible, legitimate transition is the single most effective brake on the next migration wave.
Energy certainty. Reliable, Western-aligned access to Venezuelan hydrocarbons cannot be built on a government with no legitimacy of origin and no accountability. Investors require rule of law, enforceable contracts, and a counterpart whose authority will not be challenged the day the constitutional order is restored. Legitimacy is not a moral luxury here—it is the precondition for durable energy partnership.
Why Delcy cannot be the answer
The argument we will hear—that keeping her in place is preferable to chaos, that she is the stability option—must be met with the truth: her permanence does not produce stability. It produces repressive paralysis.
And it does so at the worst possible moment. Venezuela has just been struck by catastrophe. June’s double earthquake left hundreds dead, thousands injured, infrastructure destroyed, and entire communities waiting for aid the world is prepared to send. In an emergency like this, the question is not ideological. It is practical: who is going to administer that aid?
A power that prioritizes political control over rescue turns international solidarity into an instrument of patronage. It distributes by loyalty, not by need. It diverts to its own networks what should reach the rubble. It excludes those who will not submit. Leaving the humanitarian response in the hands of that circle is not prudence—it is a guarantee that the world’s resources will finance the regime’s survival instead of saving Venezuelan lives.
And while this unfolds, the doors remain closed. María Corina Machado—opposition leader and Nobel Peace Prize laureate—is barred from returning to her own country. That is not a detail. It is the confession of a project: whoever controls the airspace and the borders to block the opposition’s return has no intention whatsoever of calling free elections. The absence of a credible electoral calendar is not disorder. It is a strategy of delay.
What genuine stability requires
Real stability is not born of a vacuum managed by those who benefit from prolonging it. It is born of legitimacy. And in Venezuela right now, legitimacy has a single valid source: the constitutional act of the National Assembly declaring the permanent absence, and the election the Constitution mandates.
On that foundation—and only on it—everything else can be built: a transparent, audited humanitarian response that reaches those in need rather than those who administer it; a reconstruction effort governed by international humanitarian principles and operational independence from any faction; the recovery of looted assets; and an electoral calendar the people can believe in.
International support is welcome and necessary, anchored in interests that are legitimate and shared—hemispheric security, migration stability, energy certainty. But that support must be instrumental to a Venezuelan act, not a substitute for it. The United States can help. It cannot replace. Sovereignty is preserved precisely because the founding act is internal and constitutional. That framing also denies the regime its most reliable propaganda weapon: the charge of foreign imposition.
The cost of inaction
The risks of doing nothing are not abstract. They follow a familiar sequence: Delcy Rodríguez consolidated as the regime’s heir; aid captured and diverted; a fresh wave of forced migration; the deepening of organized crime’s territorial control. And, above all, the closing of a window that—paradoxically—the earthquake itself opened.
Crises bring clarity along with their pain. And this one has laid bare a simple truth:
The constitutional clock has already run out. What comes next is not negotiated with the regime—it is fulfilled under the Constitution. And what the Constitution requires is not that we leave Delcy in place. It is that we return Venezuela to its people, at the ballot box, without further delay.
A free Venezuela is not a slogan. It is a constitutional mandate that now has a date.
@PressSec@StateDept@DeputySecState@DeptofWar@MariaCorinaYA@CIADirector@CIA@MarioDBCamp@RepCarlos@RepMariaSalazar@SenRickScott
SUICIDO DIPLOMATICO EN UNA SOLA ENTREVISTA
@usembassyve
La entrevista de John Barrett, Encargado de Negocios de EE.UU. en Venezuela, con Luis Carlos Vélez de @nmasunivision, fue lamentable en varios aspectos.
Muchos sostienen que su único objetivo, y probablemente su único mandato, es perpetuar la ilusión de que todo marcha a la perfección bajo la dirección de la ‘magnífica Delcy’ y el plan de tres fases que se improvisó el día después de la exitosa operación de extracción de Maduro y su mujer.
Es sorprendente que muchos burócratas norteamericanos no comprendan que dos poderosos terremotos dejaron a Delcy completamente expuesta como la corrupta e inepta que siempre ha sido, y pusieron de manifiesto que el plan de tres fases siempre fue erróneo. En lugar de estabilización, recuperación y transición, el enfoque correcto debería haber sido estabilización, transición y recuperación. Es evidente para cualquier persona con pensamiento independiente que Delcy solo traía consigo ruina, y la naturaleza simplemente recalcó y evidenció esta realidad ineludible.
En la diplomacia es tan peligroso obviar la fuerza de la gravedad con la física. Me huele que Barrett seguirá el camino de la Delcy fan-girl, Laura Dogu. Qué mala suerte hemos tenido con estos ‘encargados’ de negocios.
Enlace a la entrevista por si no la ha visto. https://t.co/qIsxj8FXiv