Incivismo en estado puro. A esto le llamó yo bloquear una calle por capricho. Y hay decenas de sitios para aparcar treinta metros más adelante… @policiasalobren
📢Os presentamos a una mujer que está cumpliendo su sueño, trabajar por su #Granada✨
👩@marifrangr primera mujer en ostentar la alcaldía en @aytogr, donde lleva un año
📚Súper #AlumniUGR que realizó dos titulaciones en @CanalUGR, ¡quédate a ver cuáles!
https://t.co/c4w21l2eeF
Ha sido un placer participar en el programa @AlumniUgr, que tantos recuerdos me han traído de mi etapa universitaria.
Como cada alumno egresado en @CanalUGR siento el gran orgullo de haber estudiado en sus aulas y disfrutar de #Granada en esta etapa vital de tanta importancia🫶🏼
El gran papel que parece que están teniendo en la Eurocopa los jugadores españoles Lamine Yamal y Nico Williams está siendo aprovechado por nuestra izquierda para destacar el origen étnico y social de los dos futbolistas. Dicen que son de barrios humildes, y tienen razón. Dicen que son "personas racializadas" (que es como ahora los racistas llaman a los negros) y no puedo sino confirmarlo. Lo curioso es que utilizan el ejemplo de superación de uno y otro para colgarse una insólita medalla. Insólita porque si Lamine y Nico están ahí es porque se han esforzado y han destacado, porque han competido y han ganado, porque se han impuesto a otros que no han conseguido llegar hasta donde ellos han llegado a pesar de proceder, en muchos casos, de familias mucho más pudientes y de ancestros, en casi todos los casos, mucho menos racializados, es decir, más blancos. Es precisamente esto lo que viene despreciando la izquierda desde hace años en el ámbito educativo. Donde hay esfuerzo, ellos ven explotación. Donde hay competición, ellos ven trampas. Donde hay victoria, ellos ven reproducción social de las élites.
Los ejemplos de Lamine Yamal y Nico Williams son, precisamente, una enmienda a la totalidad de las políticas educativas con que la izquierda ha destrozado el sistema educativo español, paralizando el único ascensor social con el que muchos chavales humildes podían sobreponerse a su condición social y superar, con ganas y con esfuerzo, a otros que podían tenerlo más sencillo y que no han aprovechado esa ventaja. Los políticos de nuestra antimeritocrática izquierda española nunca destacan los méritos de nuestros corajudos futbolistas de la selección. Prefieren fijar su vista en su color de piel o su procedencia familiar. Quizá temen que a ellos se les demanden méritos parejos a los logrados por nuestros héroes y, siendo incapaces de ofrecerlos, deban presentar como argumento a su favor el hecho de que tienen un amigo negro o un novio con coleta.