Se habla de “reconexión” y de “normalización”, pero esa narrativa no coincide con la realidad del país. Venezuela sigue marcada por una crisis profunda, con inflación, salarios insuficientes y millones de personas dependiendo de remesas, mientras más de ocho millones de venezolanos siguen fuera. El contexto estructural no ha cambiado. A eso se suma que persisten las violaciones de derechos humanos: todavía hay presos políticos y continúan las denuncias de detenciones arbitrarias. Esto desmonta cualquier idea de una verdadera apertura democrática. Y hay algo clave: que existan vuelos no significa que exista libertad. Miles de venezolanos en el exterior no pueden regresar por miedo a represalias o posibles órdenes de captura. El avión vuela, sí… pero la libertad no.