Más falta de ética en las compañías de @elonmusk
Parece ser que los @Tesla no son tan seguros como dicen en su comunicación y publicidad.
#cuidarmeparacuidar
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Este artículo es un relato sobre una crisis que se viene produciendo desde ~2000. Que hunde sus raíces en el sXX y que marca el final del periodo industrial.
Que sea para crear un mundo mejor o para hundirnos en la desesperanza está en nuestra mano.
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@65ymuchomas Este enfoque además supera el encasillamiento de la #economiaplateada, #silvereconomy en la que se está quedando el tratamiento del edadismo de las personas mayores.
Somos más que meros consumidores
Esta noticia es escalofriante. Y seguirá creciendo si no hacemos nada, ya qué hay cerca de 300.000 personas en lista de espera para recibir la ayuda.
¿Que le podemos proponer a las administraciones, tanto autonómicas como la nacional?
#cuidarmeparacuidar
Por publicar esta viñeta sobre la #eutanasia, al dibujante Julio Rey le han desactivado la cuenta en Instagram
¿Qué tal si la compartimos hasta hacerla viral para que nadie se quede sin verla?
Rescato del informe de "Entornos inteligentes para un envejecimiento activo y saludable" realizado por la @FGCSIC
que toda innovación ha de realizarse con el corazón. Hay que atender de manera integral a las personas mayores y las emociones cuentan.
#CUIDARMEPARACUIDAR
Comoarto plenamente esta mirada de mujeres que han superado el cáncer:
"El cáncer se padece, no se combate": las expedicionarias del Reto Pelayo Vida 2024 cuestionan la utilización de terminología bélica al hablar de la enfermedad
#cuidarmeparacuidar
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Mi padre murió de un infarto a los 60 años. Una década después se suicidó mi hermano. Solo por eso creo en Dios. No puedo aceptar que esas dos vidas ya solo sean un recuerdo. No creo en el Dios de las religiones, sino en el de la esperanza, que no culpabiliza ni condena. Quizás habría que inventar otro nombre para designar ese misterio, sin el cual la vida deviene absurda y cruel.
No creo que nadie acepte realmente la finitud. Negar cualquier forma de trascendencia significa aceptar que algún día no quedará nada de lo que amamos. La muerte térmica del universo destruirá la música de Bach, la amistad, la sonrisa de los niños, la nostalgia de los acianos, las poesías de Lorca, los diálogos de Platón, la pintura de Goya, la calidez de las familias que se quieren, la complicidad de las parejas que caminan juntas hasta el final. No soy capaz de aceptar algo así. Prefiero las razones del corazón a los argumentos de la razón y la ciencia. La esperanza no ha nacido en un laboratorio, sino en el interior del corazón humano. Solo concedemos credibilidad a lo que podemos ver y tocar, pero como dijo ese visionario llamado Saint-Exupèry, lo esencial es invisible para la mirada ordinaria. Solo puede verse con los ojos del alma.
Rafael Narbona
LOS PROFETAS
¿Qué puede aportar el Evangelio en nuestros días? ¿Cuál es hoy el papel de los profetas? Como señala José Antonio Pagola en ‘Jesús. Una aproximación histórica’, “el reino de Dios se va gestando allí donde ocurren cosas buenas para los pobres”. El Evangelio es una buena noticia porque aboga por un porvenir más justo, sin parias, explotados, ofendidos ni marginados. Como apunta Pagola, “¡Dios defiende a los que nadie defiende!”. Los profetas intentan mantener vivo ese mensaje, escogiendo el camino estrecho que tomó Óscar Romero, asesinado por luchar contra la actitud inhumana de las oligarquías.
El arzobispo de San Salvador siguió el ejemplo de Jesús, que alzó la voz en favor de los campesinos pobres, los arrendatarios y los jornaleros de Galilea, con graves problemas de subsistencia por culpa de los terratenientes, partidarios de promover el comercio de trigo, vino y aceite en vez del cultivo de cebada, judías y otros productos necesarios para la subsistencia de las familias más modestas. Jesús vivió como los pobres, durmiendo a la intemperie y sin un trabajo estable. Desafiando a los ricos y poderosos, anunció que el reino sería de los olvidados y los oprimidos, de los humillados y los desamparados, de los que tienen sed y hambre de justicia. En cambio, los más prósperos y adinerados quedarían fuera. Su entrada en el reino sería más improbable que el tránsito de un camello por el ojo de una aguja.
Algunos sostienen que –conforme a su sustrato arameo– las bienaventuranzas deberían ser traducidas en primera persona. En realidad, Jesús habría dicho: “Dichosos nosotros que no tenemos nada… Dichosos los que ahora tenemos hambre… Dichosos los que ahora lloramos”. No es extraño que los políticos, oligarcas y militares salvadoreños que organizaron el asesinato de Romero llegaran a pensar que la Biblia era un panfleto revolucionario e interpretaran su posesión como un gesto subversivo. Jesús no habla de un amor retórico, como señala Pagola, sino de alimentar al hambriento, vestir al que está desnudo, visitar al que está en la cárcel, compartir con el que no tiene nada. Exalta la misericordia, no la penitencia.
Jon Sobrino se pregunta si es humano un mundo donde una minoría acumula insolidariamente y otra muere de escasez. Los medios de comunicación encubren esa realidad, logrando que los pobres sean invisibles e irrelevantes. Sobrino afirma que lo cristiano es prestar la voz a los que carecen de ella. Hay que contrarrestar las campañas de desinformación de “los que tienen demasiada voz”. La resignación, el fatalismo o la complicidad con los poderes establecidos no son opciones cristianas. Lo cristiano es solidarizarse con el más débil y vulnerable. Sobrino comenta con pesar que niño del Primer Mundo consume los recursos de más de 400 niños etíopes y que todos los años mueren cincuenta millones de personas a causa del hambre. Frente a esta iniquidad, aboga por la creación de “un mundo que llegue a ser un hogar para el hombre”, según las palabras del filósofo Ernst Bloch. Escribe Sobrino: “Desde la fe cristiana, tal como la actualizaron entre nosotros monseñor Romero e Ignacio Ellacuría, las víctimas son más que víctimas. Son el pueblo crucificado, el siervo doliente de Yahveh, el Cristo crucificado de nuestro tiempo”.
El porvenir del cristianismo depende de la aparición de nuevos profetas. Profetas que irriten tanto como Jesús, crucificado por la Roma imperial. Profetas como monseñor Romero, que pidió a la Guardia Nacional que no disparara contra sus hermanos (“En nombre Dios, ¡cese la represión!”). Profetas como Ellacuría, que afirmó que nadie tenía derecho a lo superfluo mientras todos no tuvieran lo esencial. Sin profetas, la iglesia solo será una institución, más preocupada por su supervivencia que por el legado del Evangelio. “La gloria de Dios –apuntó monseñor Romero– es que el pobre viva”. Lo contrario es impiedad, blasfemia. Ojalá el siglo XXI nos depare nuevos santos como Romero, testigo de Cristo entre sus hermanos.
Fotografías: Óscar Romero e Ignacio Ellacuría, asesinados por el ejército salvadoreño para acallar sus protestas contra las injusticias, las desigualdades y las violaciones de los derechos humanos.