"Tú ya sabes lo suficiente. Yo también lo sé. No es conocimiento lo que nos falta. Lo que nos hace falta es el coraje para darnos cuenta de lo que sabemos y sacar conclusiones" Sven Lindquist
Voy a dar un Taller de Introducción a Medio Oriente (modalidad virtual) a partir del 4 de agosto.
Horario: martes 17 horas
Info: [email protected]
Se agradece difusión
Qué decir.
Conocí al Indio en 1984. Fui a hacerle una entrevista a Los Redondos (también estaban Skay y la Negra Poli) para El Porteño. Enrique Symns me había hecho el contacto. Era un sábado a eso de las 7 de la tarde. Llegué y la negra Poli me preguntó si prefería fernet puro o cerveza con vodka, los únicos alcoholes que tenían en el departamento.
Así comenzó una amistad que duró unos 6 años (se distanció cuando pasaron a los estadios y la fama absoluta y yo ya no pude seguirles el paso por esa locura; aunque lo vi al Indio a comienzos de este siglo en el Centro porteño, de casualidad -iba muy camuflado pero lo reconocí, lo llamé y nos fuimos a tomar un café- y también vi a Poli y Skay varias veces en Palermo y ellos están igual que en mi recuerdo de hace 40 años).
Esa entrevista (que apareció en el número de diciembre de 1984 en El Porteño) terminó antes de una hora, pero nos quedamos charlando hasta las 8 o 9 de la mañana del domingo. Desde entonces y por varios años nos vimos con mucha frecuencia. Me subí a la camioneta con la que íbamos a los recitales de los amigos (por ejemplo, a ver al pelado Luca en algún show de Sumo).
En 1987 y 1988 llevé a Symns a Fin de Siglo y el Indio venía seguido a la redacción (Vera Land lo entrevistó ahí alguna vez, también escribió una columna, le gustaba lo que hacía El Monstro Punk en la revista).
Los Redonditos de Ricota fueron desde el comienzo una familia "mafiosa" (en el sentido cariñoso, sí, cariñoso del término). Uno entraba ahí y ya era parte de una cofradía, era un mundo que te integraba y te abrazaba y te enloquecía y te enriquecía.
Fueron 6 años vertiginosos de mi vida. Recién pude comprender algo de lo que había pasado ahí cuando me bajé de la furgoneta y miré desde afuera: a pesar de la lucidez descarnada había esperanza. Fue hermoso (mientras duró).
El Indio hablaba como escribía. No es que cada frase fuera como las letras de sus canciones, pero sí que esas frases cotidianas tenían el fraseo, el ritmo de sus poemas. Los neologismos en los que ensamblaba partes del inglés con el castellano estaban en su habla cotidiana, en cada ocurrencia.
El Indio era cariñoso y sonreía. El Indio que yo conocí era esencialmente un hombre bueno, muy dado a sus amigos.
El Indio era un hijo de la educación pública, de las instituciones del siglo XX (su padre había sido jefe de correos en La Plata). Criado en una casa de clase media con los libros que tenían la clase media a mitad del siglo XX y con los sueños de un joven rebelde de los 60: los beatnik (ante todo Kerouac y Burroughs, pero en poesía Ginsberg) y Rimbaud, el eterno joven de la poesía infinita.
Vamos a brillar Indio.
Al menos entre mis lágrimas te veo brillando. Sonriendo feliz de haber transitado el arduo camino a la nada.
Comienza mi curso "POR QUÉ LEER A LOS CLÁSICOS" en @institutobaikal.
Son 12 clases por zoom, que se pueden seguir desde cualquier lugar del planeta.
Veremos de La Odisea a Lytton Strachey y Stefan Zweig, pasando por La Mil y Una Noches.
Te espero.
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La gente menos capaz de sostener un discurso coherente (no digamos sabio) sobre un tema se ha puesto en este último tiempo a "defender" la "civilización occidental".
Si alguien quiere tener una idea acabada de lo que funda y continúa (y hace llegar hasta nosotros) lo que hoy llamamos cultura o civilización occidental recomiendo leer dos viejos y maravillosos libros.
Uno de ellos dedicado a comprender la cultura griega arcaica, clásica y alejandrina (es decir todas las etapas de lo que hoy entendemos por la Grecia Antigua).
Ese primer libro que recomiendo es Paideia, de Werner Jaeger, editado por el Fondo de Cultura Económica en un tomo de más de 1.100 páginas.
Es un texto que ya tiene décadas (la primera parte se publicó en alemán en 1933 y los capítulos finales aparecieron luego de la Segunda Guerra en 1947). La mayoría de las muchas citas a pie de página es bibliografía en alemán, inglés y francés de difícil acceso para el lector de América latina. Muchos son libros que hace más de medio siglo que no se reeditan y no están en nuestras bibliotecas.
Aun así, Paideia (que tiene por subtítulo "Los ideales de la cultura griega) es un libro agradable de leer. Ameno y extremadamente erudito. Sé que es un desafío hoy proponer un libro de 1.100 páginas lleno de citas en griego clásico, frases en latín y menciones en varios idiomas modernos, pero les aseguro que si se internan en este libro y lo leen con el 1% del amor encantado que yo le tengo van a aprender más que si hacen un doctorado en lo que sea.
Otro libro que recomiendo, otro doctorado magno, es una visión de conjunto sobre cómo se mantuvo la tradición latina durante la Edad Media y cómo fue que los textos de esa tradición informaron y ayudaron a modelar el mundo moderno a través del castellano, el francés, el italiano y hasta del alemán y el inglés.
Ese libro maravilloso es Literatura europea y Edad Media latina, de Ernst Robert Curtius, editado también por el Fondo de Cultura Económica en dos tomos. Curtius escribió este libro casi sin acceso a bibliotecas porque fue durante la Segunda Guerra Mundial y todo a su alrededor estaba en llamas, bombardeado y lleno de cadáveres. El libro, que fue escrito a lo largo de casi 15 años, se publicó finalmente en 1948.
Curtius cita muchas veces textos latinos de hace 1200 años de memoria y pide perdón por si hay alguna incorrección. Eruditos modernos han confrontado las citas y menciones que hace Curtius con los libros clásicos y los manuscritos que menciona y han encontrado muy pocos errores y todos ellos son de menor cuantía.
Es una de las tareas intelectuales más hermosas que ha encarado una persona en el siglo XX y más aun durante una guerra tan brutal. Curtius, en medio de los bombardeos aliados que redujeron a ceniza el barrio en el que vivía, se la pasó escribiendo un libro que habla de la perdurabilidad de la cultura latina durante 1000 años de guerras y masacres y pestes para llegar a nosotros.
Es una hermosa empresa que cada lector de este libro impar agradece.
Si leen Paideia y Literatura europea y Edad Media latina van a tener una base sólida para comprender qué diablos es la cultura occidental. Y entender qué brutos son los actuales "defensores" de la cultura occidental.
Si quieren hacer un tercer doctorado pueden agregar Florencia y Bagdad, escrito por el alemán Hans Belting y publicado por editorial Akal. En este libro Belting se centra en la relación entre la mirada, el arte y la óptica, comparando la perspectiva visual de la Florencia renacentista con la cultura visual y científica del mundo islámico.
El libro plantea que la perspectiva pictórica occidental, inventada en Florencia, no se habría desarrollado sin la influencia de la teoría de la percepción y los estudios ópticos del matemático árabe Alhacén, originario del mundo islámico.
Es interesante ver cómo el Renacimiento europeo, el redescubrimiento de la Antigüedad Clásica (la base de la cultura occidental) fue posible gracias a la influencia árabe y a los aportes de los sabios medievales musulmanes. Si bien Belting se centra en Bagdad también muestra las fuertes relaciones entre ese centro de desarrollo islámico con las otras dos grandes capitales del mundo musulmán: El Cairo en Egipto y Córdoba en El Andalús (el nombre islámico de España).
¿No es patético e irónico a la vez que los autoproclamados "defensores de occidente" sean hoy todos subnormales e iletrados?
Este viernes terminamos el curso "Borges para todos" en @ComunidadOrsai leyendo "Funes el memorioso".
En septiembre, octubre y noviembre dictaremos un curso en @institutobaikal sobre "Por qué leer a los clásicos" y veremos autores y libros fuera de agenda.
En la mañana del 25 de mayo de 1810 una multitud comenzó a reunirse en la Plaza de la Victoria liderada por French y Beruti.
Reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de otra Junta de gobierno.
Como el Cabildo demoraba una resolución, el pueblo en la plaza comenzó a gritar: "El pueblo quiere saber qué se trata".
Mucha gente invadió la sala capitular del Cabildo de Buenos Aires y exigió la anulación de la resolución del 24, que formaba una Junta de Gobierno presidida por el exvirrey Cisneros.
El Cabildo se reunió a las 9 y pidió a los batallones que reprimieran a la muchedumbre, en especial la que invadía el Cabildo.
Los jefes de las guarniciones no obedecieron esa orden. Los batallones no acudieron al Cabildo. La revolución también estaba en los cuarteles.
A pesar de la promesa que había hecho la noche anterior, cuando los líderes criollos habían ido a su casa, Cisneros se seguía negando a renunciar a presidir la Junta de Gobierno.
De todas formas, la multitud quería mucho más que la simple renuncia de Cisneros. Quería otra Junta.
Al fin Cisneros comprendió que insistir en su posición era ya imposible y presentó la renuncia.
Al mismo tiempo en el Cabildo se discutía la formación de una nueva Junta de Gobierno que se hiciera cargo de la situación.
De esos debates surgió la Junta que fue el primer gobierno autónomo que tuvo la que luego sería la Argentina (faltaban 50 años para este territorio se llamara República Argentina; recién Derqui, en 1860, fue el primer Presidente de esa República).
La nueva Junta Provisoria de Gobierno (conocida por la historia como Primera Junta) estaba conformada por Saavedra en la Presidencia, Paso y Moreno como Secretarios, y los vocales Belgrano, Castelli, Azcuénaga, Alberti, Matheu y Larrea.
Siete eran criollos y dos españoles (Matheu y Larrea, habían nacido en Europa).
Cuatro de los hombres de la Junta eran abogados (Belgrano, Castelli, Moreno y Paso).
Dos, comerciantes (Larrea y Matheu) y dos, militares (Saavedra y Azcuénaga). Uno era sacerdote: Alberti.
Los que se oponían a un gobierno propio (Cisneros, en primer lugar) comenzaron a operar mientras se nombraba a la Junta.
Cisneros le mandó el 25 de mayo una carta a Liniers (quien estaba en Córdoba) para que reuniera fuerzas militares y marchase sobre Buenos Aires. Así comenzaba la resistencia del interior contra Buenos Aires.
Córdoba (autoproclamada capital del interior) vs Buenos Aires fue un enfrentamiento que nació desde el primer día de la fundación de la patria.
El 26 de mayo la Junta lanzó la Proclama a los cabildos del interior y firmó como Junta Provisional Gubernativa de la Capital del Río de la Plata. Se remarcaba la lealtad con el Rey Fernando VII (que estaba preso) y con sus legítimos sucesores en el trono (que no existían).
Se ha debatido hasta el cansancio si los revolucionarios de mayo de 1810 hicieron realmente una revolución (es decir, si expulsaron al poder español de estas tierras) o si solo cambiaron un virrey español por una junta local que se seguía sometiendo al dominio de España.
Lo real es esto: desde el 25 de mayo de 1810 no hubo más dominio español en ninguna parte del territorio de lo que hoy es la Argentina.
Más allá de lo que dijeran los documentos ("nuestro amor al Rey Fernando VII"), lo real es que los españoles no gobernaron este país desde entonces.
En los años siguientes, cuando varios intentos de derrocar a los españoles (en Venezuela, Perú, Chile, México) habían sido derrotados, el territorio del Río de la Plata se mantenía fuera del dominio español.
Eso comenzó el 25 de mayo de 1810 y se reafirmo en julio de 1816.
¿Se hizo una revolución independentista que se camufló de respeto por el rey para tratar de no ser reprimida por las armas? Es posible.
También es posible -lo dicen muchos historiadores con buenos argumentos- que muchos de los patriotas no imaginaran aun la independencia en 1810.
Lo cierto es que desde el 25 de mayo de 1810 el territorio de la actual Argentina fue independiente de hecho de cualquier poder español. No solo eso: luchó contra los que querían arrogarse el derecho de España a gobernar estas tierras y ganó. Y conservó la independencia de hecho.
Desde el comienzo hubo divisiones. Todos los procesos políticos las tienen, más aun los revolucionarios. Sucedió en la Francia de 1789 y en los EEUU de 1776. El virreynato del Río de la Plata era gigantesco, pero deshabitado y pobre. Difícil de mantener unido en revolución.
La población de todo el virreinato (del norte de la actual Bolivia hasta Tierra del Fuego, de los Andes a las cataratas de Iguazú y el océano Atlántico) era de poco más 500.000 personas. Unas 380.000 de ellas vivían en lo que hoy es la Argentina (una población equivalente a la que hoy vive en los barrios de Palermo y Almagro en la ciudad de Buenos Aires).
Era otro mundo el de 1810. La inmensa mayoría era pobre. Apenas si tenían lo mínimo para comer todos los días y poco más. Y en ese mundo pobre, lo que hoy es la Argentina era de los países más extensos, menos poblados y más pobres.
Los que estaban a favor de los españoles eran fuertes en las zonas ricas del virreinato (especialmente, en la más rica: el AltoPerú -hoy Bolivia-).
Desde el comienzo la revolución porteña perdió la mina de Potosí y el Alto Perú. Con esa pérdida, la revolución se quedó sin moneda. Así nacimos: sin moneda (así vivimos hasta vivimos hoy).
Casi al mismo tiempo que la revolución perdía la actual Bolivia -y conservaba las provincias del Norte, gracias a las batallas que ganaba Belgrano y a las guerrillas de Guemes-, perdía Paraguay, que se independizaba no solo de España, sino de Buenos Aires, y se aislaba del mundo.
Poco más adelante (hacia fines de los 1820), Inglaterra logró que no quedaran las 2 márgenes del Río de la Plata bajo un mismo gobierno e independizó Uruguay (hasta entonces la Banda Oriental del Río de la Plata).
Artigas había trabajado desde el comienzo en separar esa zona del resto de las Provincias Unidas.
Las Provincias Unidas del Río de la Plata no eran tan unidas. Lo que quedó bajo un mismo nombre careció de un gobierno nacional durante décadas.
Durante 70 años (hasta 1880) vivió en guerra civil permanente, con períodos breves de paz y grandes matanzas salvajes todo el tiempo.
Llevó 70 años encontrar una fórmula de convivencia en común. Se la encontró luego de matar al menos a un tercio de los habitantes en batallas y persecuciones políticas.
El país que nació en 1810 era de los 10 más pobres del mundo. Luego de décadas de matanzas y construcciones milagrosas (tanto las políticas como las económicas) llegó a 1910 entre los 20 países más ricos del mundo.
Desde Rosas a Roca colaboraron para que la Argentina del primer siglo independiente sea un mejor país que el era cuando nació. Rosas contribuyó manteniéndonos unidos y Roca modernizándonos. Sin uno no habría habido el otro. Pero antes de eso, somos un país porque en mayo de 1810 un grupo de porteños tomó el Cabildo de Buenos Aires y exigió un gobierno patrio. Sin esto no habría nada de lo que vino después: guerras de la Independencia lideradas por San Martín, fundación de la Biblioteca Nacional (hecha por la propia Primera Junta y alimentada con los libros donados por Mariano Moreno), Universidad de Buenos Aires (fundada en plena anarquía y lucha entre las provincias).
Los revolucionarios eran personas determinadas a hacer un país. Fundaban instituciones para sentar las bases de lo que vendría. Algunas de ellas fueron arrasadas por las guerras civiles. Otras nos iluminan aun hoy.
Somos, a pesar del irracional odio actual a todo lo que nos rodea, un país en el que vale la pena vivir, pensar y producir.
A pesar de la montaña rusa en la que hemos vivido, la Argentina de 2026 es un país mucho más integrado, más civilizado, más próspero, más vivible que el que hizo la revolución en 1810, pero sin el sueño de aquellos hombres hoy no seríamos nada.
En mayo comienza mi curso sobre Borges en @ComunidadOrsai.
En el link tienen los datos.
Los invito mañana lunes 13 a las 21.30 a participar de una introducción sobre Borges en un Espacio de Twitter: ES GRATIS.
Lo haré si al menos 100 prometen venir.
https://t.co/1lb26cDkt9
¿Ya te inscribiste al curso sobre Borges que voy a dictar en @ComunidadOrsai@casciari ?
Toda la info y la posibilidad de inscribirse están en el link.
Si necesitás preguntarme algo (SOBRE EL CURSO) podés hacerlo a continuación.
https://t.co/X5loIEewVn
@Sietecase Ronaldo muy feo el audio de la chica que quiere la eutanasia, el tema es interesante, lo que no apruebo es el audio, hay mucha gente con problemas y es muy peligroso 👍
Mucha gente muy joven hizo cosas maravillosas.
Los ejemplos clásicos son Mozart (quien, al morir a los 35, deja una obra genial) o Rimbaud (que dejó de escribir a los 18).
Pero hay muchos políticos que transformaron el mundo siendo jóvenes.
El 4 de julio de 1776 James Monroe tenía 18, Alexander Hamilton, 21, James Madison, 25 y el "viejo" Thomas Jefferson, 33.
Napoleón lideró Francia a los 30.
Augusto, después de ganar batallas y combates políticos desde los 18 años, ininterrumpidamente, fue consagrado como primer emperador romano a los 35 años.
Ni hablemos de Alejandro Magno que conquistó medio mundo antes de morir a los 33.
@vickyginzberg Si, es permanente el acoso, si uno se distrae es boleta, nunca dar datos de ninguna especie por teléfono y nunca pasar foto del DNI donde figure el “número de trámite”👍