Imagínese ser gay y tener un jefe homofóbico que destituye a una ministra por una declaratoria de interés cultural de una marcha. Imagínese bajar la cabeza y seguir siendo un perro vendido por tres pesos. Bueno, esa persona existe.
Imagínese ser gay y tener un jefe homofóbico que destituye a una ministra por una declaratoria de interés cultural de una marcha. Imagínese bajar la cabeza y seguir siendo un perro vendido por tres pesos. Bueno, esa persona existe.