En mi vida he escuchado muchas veces que no se puede.
Que tiene voz de niña. Que no se ve como los demás. Que así no gana.
Me lo dijeron en el colegio, en la universidad, en el trabajo y en la política.
Y cada vez que me dijeron “no se puede”, confirmé algo: sí se puede.
Porque quienes cambian la historia casi nunca son los que aceptan un “no se puede”. Son los que deciden apostarlo todo para demostrar lo contrario.
Vamos a ganar.