Tener intimidad no es amor, dormir con alguien no significa que te elija, besarse no es sinónimo de compromiso y hablar todos los días no siempre significa que esté de verdad. El amor empieza en otro lugar, en los silencios incómodos, en los días pesados, en las discusiones que no terminan mal sino con un “aquí estoy”. Amor es alguien que se queda cuando estás insoportable, que te abraza cuando ni tú sabes lo que sientes, que aprende tus formas, tus tiempos, tus heridas y aun así decide amarte. Es quien te impulsa cuando caes, quien te calma cuando explotas y quien te ve roto y no sale corriendo. Porque el amor no se mide por lo intenso que empieza, sino por lo que se construye con el tiempo, eligiéndose una y otra vez, incluso cuando no es fácil.
A mi padre nunca le ha gustado la mujer con la que me casé desde el primer día.
Estaba enamorado... no escuché.
Nos casamos.
Nos divorciamos 5 meses después.
Después;
perdí mi confianza.
perdí mi fe.
Un día le pregunté a mi padre:
¿Cómo estabas tan seguro?
Dijo con calma:
El amor implica consideración, siempre. No se puede construir nada si el foco está puesto en uno mismo continuamente: en lo que quieres, sientes y necesitas tú. Las relaciones sanas son el resultado de cuestionarnos cómo afecta nuestra conducta al otro y actuar desde aquí. Y sin este movimiento no compartes la vida, destrozas aquellas en las que entras
Está bien lo del amor propio y está bonito hacer ejercicio, comer sano, tomar agua, etc… pero a veces también es amor propio echarse 12 tacos, 6 cervezas y 5 shots de tequila para sacar toda la crisis existencial que llevas dentro
Un estudio de Harvard de más de 80 años recuerda algo esencial: la plenitud no depende de lo que tenemos, sino de las conexiones que cultivamos. Cuidar relaciones auténticas no solo da felicidad, también mejora la salud y prolonga la vida.