Acabo de escuchar la expresión más castiza, rencorosa y elegante a la vez que he oído en mi vida: ya quisieras saber tú todo lo que a mí se me ha olvidado.
me impresiona la rapidez con la q paso de querer comerme el mundo de todas las formas posibles a querer pudrirme y descomponerme en una cama por el resto de la eternidad