Tomamos ese café la semana pasada.
Dos horas se convirtieron en cinco. Cerramos el lugar.
Cuando me despedí en la calle me di cuenta de que llevaba años sin hablar con alguien así de fácil, sin esfuerzo, sin calcular lo que digo.
No sé qué es esto todavía ni necesito saberlo ahora.
Pero hay reencuentros que no son con personas. Son con una versión de uno mismo que creía que ya no existía.
Anónimo