Sí.
Viví en un convento un tiempo y yo doy fe de que las monjas son muy buenas (al menos las que conocí.
Me decían que tenía la vocación y hasta me lo pensé jajaja.
Para subir a un avión tenes que pasar 4000 filtros de seguridad con la suerte de que te toca un piloto islamita que se levantó con ganas de matar judíos .
Que te hayas sacado los zapatos en tierra y que te deshagas de la botellita de agua antes de pasar seguridad te la pasas por el orto porque el verdadero problema sigue siendo el mismo.. el islam arriba de los aviones
Se va aclarando el episodio del vuelo FlyDubai a Tel Aviv: el copiloto habría apuñalado al piloto para estrellar el avión. Pasajeros y tripulación lograron dominarlo. El avión aterrizó en Arabia Saudita. Israel está tratando el incidente como un ataque terrorista a gran escala
🇻🇪 🚨 URGENTE | “No solamente es cuándo viene María Corina, sino también qué estás dispuesto tú a hacer para que ella venga”, dice @claumacero desde la sede de @VenteVenezuela.
Macero ofrece una rueda de prensa tras su histórico arribo al país.
🇪🇸 🇻🇪 Era el 30 de enero de 2018. Ese día les propuse a mis padres, que manejaban Farmarato, una pequeña farmacia en La Vega (Caracas, Venezuela), que empezáramos a tener presencia en redes sociales, sobre todo en Twitter (hoy X).
En ese momento, Twitter se había convertido en un canal humanitario para buscar medicamentos. La escasez y la hiperinflación hacían la vida insostenible para muchos. Nuestras ventas estaban estancadas o bajando, y entendí algo: teníamos que salir de La Vega a buscar clientes.
Twitter no era solo un lugar para opinar, funcionaba como un servicio público. Así que empecé a usar el buscador con palabras clave: amoxicilina, paracetamol, cremas para quemaduras, medicamentos de alto costo, ampollas, insumos para cirugías. Funcionó.
Le escribía directamente a cada persona. Primero por Twitter, después por Instagram y finalmente por WhatsApp, donde llegamos a tener unas siete personas en atención al cliente.
Ya habíamos encontrado una necesidad: la escasez. Pero apareció otra: el alcance. La Vega queda apartada, en un barrio que puede parecer peligroso para quien no lo conoce. ¿Qué hacemos?, me pregunté. Empecé a llevar las medicinas en metro hasta algún punto céntrico. Funcionó. Después mi papá me prestó una bicicleta para repartir por la zona. También funcionó.
Los pedidos y los seguidores crecían. La gente necesitaba soluciones rápidas y efectivas. Y muchas veces, entregar un medicamento no solo significaba sanar, también ayudaba a algo más humano: a bien morir. Porque todos merecemos irnos en paz, sin dolor y sabiendo que estamos en buenas manos.
La demanda nos obligó a crecer rápido: un motorizado, luego dos, tres y hasta cuatro, para entregas urgentes y en horario extendido.
Puedo decir con orgullo que fuimos los primeros en hacer delivery de medicamentos en Caracas, y me atrevo a decir que en Venezuela, porque también enviábamos a otros estados.
Fuimos pioneros antes de que el COVID obligara a todos a cambiar su modelo de negocio de la noche a la mañana. Cuando llegó la pandemia, ya teníamos más de la mitad del camino recorrido y, entre 2018 y 2021, logramos cerca de 12.000 envíos exitosos.
Todo empezó detectando una necesidad. Con un viaje en metro. Con una bici. Con un motorizado y una sola persona atendiendo tres redes sociales a la vez. Todo empezó ese 30 de enero de 2018.
Nuestro eslogan, y nuestro superpoder, era uno solo: llegar primero. Y lo logramos, antes que las grandes cadenas y antes que los gigantes del mercado farmacéutico venezolano.
Ese detalle, tan simple, es la razón por la que sigo orgulloso de lo que construimos.
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Además de los latigazos, tendrá prohibido cantar y salir del país durante al menos dos años.