Hay amistades que no duran para siempre, pero sí lo suficiente para cambiarnos la vida. Y dejarlas ir con cariño también es una forma de querer bonito.
Si algo aprendí, es que no se trata solo de con quién te sientas a la mesa, sino de lo que descubres de ti mientras estás ahí.
Y Medellín —con su caos, su magia y sus noches interminables— fue el cómplice perfecto.
Medellín no es solo una ciudad. Es un escenario vibrante.
Una ciudad donde cada noche promete algo distinto: historias, sorpresas, ilusiones… o una decepción bien contada después como lo que estoy a punto de hacer.
Esto no es una guía para encontrar el amor.
Tampoco es una advertencia.
Es un recorrido.
Una colección de momentos reales, incómodos, divertidos, intensos y, a veces, absurdos. Porque eso son las citas: pequeños universos donde todo puede pasar… y casi nunca pasa lo que esperas