La charla entre dos hermanos gemelos cuando aún estaban en el seno materno
Algo tiene esta historia de Max Stossel que logra que me emocione cada vez que la vuelvo a oír.
Cuando la ministra de Educación justifica la reducción de contenidos en el currículo escolar apelando a los avances de la inteligencia artificial, además de incurrir en un error intelectual revela una peligrosa estrategia política. El conocimiento no es un peso muerto que, una vez acumulado, deba aligerarse para dejar espacio a la tecnología. Es, más bien, como el sonido: cuando se suma no se distorsiona, sino que refuerza, se multiplica, se proyecta más lejos. Cuanto más sabemos, más capaces somos de comprender, relacionar y cuestionar.
Hablar de “acumulación” como neósinónimo de "erudición" es desconocer que cada nuevo dato se apoya en otro, que la cultura funciona como una red que se hace más resistente y flexible cuantas más conexiones tiene. La historia de la educación demuestra que no hay pensamiento crítico sin sustrato cultural, que no hay criterio sin memoria ni libertad sin tradición. Reducir el caudal de conocimiento que reciben los estudiantes no los hace más creativos, sino más dependientes: dependientes de la máquina que buscará por ellos y, sobre todo, dependientes del poder.
Desde hace décadas, el socialismo pedagógico ha intentado transformar la escuela en un espacio de “autoconocimiento” vacío, donde la biografía sustituye a la historia, la emoción a la razón y el “cómo me siento” al “qué sé”. Se desprecia la memoria cultural y se sustituye el esfuerzo por una autoindulgencia vigilada. Así se forman generaciones dóciles, sin herramientas para cuestionar al poder, sin bagaje para detectar la manipulación. En definitiva, masas dispuestas a aceptar el autoritarismo de quien no posee verdadera autoridad.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta formidable, pero jamás un sustituto del conocimiento humano. La máquina no entiende; procesa. Y para que lo que nos devuelva tenga sentido, primero debemos estar equipados para interpretarlo. Renunciar a los contenidos es renunciar a la libertad de juicio. Y un pueblo que no sabe pensar por sí mismo está condenado a que otros piensen por él.
España vive atrapada en un sistema que castiga al que produce y premia al que depende. Cada paso que damos está gravado: IRPF, IVA, IBI, impuestos a la gasolina, al patrimonio, a la herencia. Una maraña fiscal que ahoga a familias, autónomos y empresas. Y luego, como si el Estado actuara con generosidad, devuelve parte de lo confiscado mediante ayudas que solo refuerzan la dependencia: bonos culturales, subsidios al alquiler, abonos gratuitos. Pero no se trata de solidaridad, sino de sometimiento. Nos quitan con una mano y nos dan con la otra, manteniéndonos sujetos a un Estado hipertrofiado y clientelar. La mayoría se lo queda la casta política.
Mientras tanto, se sostiene un aparato público inflado que consume una proporción descomunal de la riqueza nacional. En España hay más capas administrativas que sentido común: 8.131 municipios, 17 comunidades autónomas, 41 diputaciones y cientos de entes, agencias, observatorios y fundaciones públicas. Muchos no hacen nada, o duplican funciones que ya hace otro organismo. Este laberinto de ineficiencia genera más empleos políticos que soluciones reales.
Uno de los casos más simbólicos es el del hermano del presidente Pedro Sánchez, David Sánchez, investigado por posibles irregularidades fiscales y con un patrimonio que levanta sospechas. Pero su historia no es una excepción: es solo una de muchas dentro de un ecosistema diseñado no para servir al ciudadano, sino para sostener a quienes viven del sistema.
En contraste, Argentina —un país que durante décadas fue rehén de un modelo de subsidios, pobreza estructural e impuestos asfixiantes— ofrece hoy una lección valiosa. Bajo el liderazgo de Javier Milei, el país aplicó dos motosierras que lo sacudieron desde sus cimientos.
La primera, liderada por el ministro Luis Caputo, fue la del ajuste del gasto público: en apenas unos meses, se redujo el déficit fiscal del 17% del PIB a un superávit del 1%. Se desmantelaron organismos innecesarios, se cesó a miles de empleados públicos sin tareas concretas y se redireccionó el talento hacia el sector privado. Lejos de provocar una recesión, este ajuste fue expansivo, y convirtió a Argentina en el país con mayor crecimiento del mundo.
Pero la segunda motosierra fue igual o más importante: la de las leyes absurdas, encabezada por Federico Sturzenegger. Bajo su dirección, se eliminaron cientos de normas y trabas regulatorias que durante años impidieron desarrollar actividades productivas básicas: abrir un negocio, construir una vivienda, exportar bienes o invertir en energía. Muchas de estas leyes se escudaban en supuestos fines nobles, como el medio ambiente, pero en la práctica encarecían la vida cotidiana y paralizaban sectores enteros.
España necesita un modelo económico basado en el crecimiento, no en el control. Y para ello, necesita también sus dos motosierras.
Una buena parte de lo que frena hoy a España no es la falta de talento o capacidad, sino una red de regulaciones que, en nombre del ecologismo o la seguridad, hacen la vivienda inaccesible, la energía prohibitiva, el transporte inviable. Bajo la excusa medioambiental, se impide construir viviendas donde la gente las necesita, se bloquean proyectos de infraestructuras críticas, y se penaliza la industria con cargas imposibles. Se protege tanto la tierra que se termina empobreciendo a quienes la habitan.
Mientras tanto, quien quiere emprender se enfrenta a un viacrucis de licencias, tasas, formularios, inspecciones y normativas que cambian según el municipio, la comunidad autónoma o incluso el humor del funcionario de turno.
El crecimiento económico requiere libertad. Libertad para trabajar, para invertir, para innovar. Y también requiere un Estado que acompañe, no que obstaculice. Un Estado más delgado, más eficaz y menos entrometido. España debe abandonar el modelo del impuesto alto + subsidio y abrazar uno donde el éxito individual y colectivo se construya desde el esfuerzo, no desde la dependencia.
"Hay que someter a los padres y madres a una tensión interminable, también los viernes, también en los parques, de los que hemos de erradicar los tercios y el champán. Que se jodan".
Me encanta el ácido sulfúrico que gotea @alb_olmos en @zendalibros
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Impresionante vídeo. Muchas gracias.
No tienen perdón de Dios, que no tengan el nuestro tampoco. Y quienes siguen apoyando, aplaudiendo y defendiendo a asesinos, ellos sabrán cómo van a vivir el resto de sus días con su miserable conciencia y mi absoluto y mayor desprecio.
A raíz de las movilizaciones de las últimas semanas se está hablando mucho de vivienda.
Se pone el foco en el alquiler cuando habría de ponerse en la propiedad.
Va HILO muy largo sobre cómo se han cargado un país de propietarios y cómo casi nadie aspira a recuperarlo.
Reminder that Argentina was once as rich as the US and Buenos Aires was "the Paris of South America".
So what happened?
Here's how it looked — and what it teaches us... (thread) 🧵
En España y en gran parte de Europa la temperatura en junio medida por satélite por la NASA ha sido inferior a la media de los últimos 10 años, al igual que ocurrió en marzo, abril y mayo (mientras que la AEMET dice lo contrario y sigue insistiendo en un verano más cálido).
❌🌐 Qué es la Agenda 2030 y qué dicen los bulos virales que desinforman sobre este plan de acción internacional impulsado por la ONU.
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