Morena empuja la figura de los “jueces sin rostro” como si fuera una medida técnica de seguridad. No lo es. Es un rediseño profundo del proceso penal. Cuando quien te juzga no puede ser conocido, recusado ni plenamente controlado, no estamos hablando solo de protección: estamos hablando de opacidad. Y en materia penal, la opacidad no protege derechos: los erosiona.
El Estado tiene la obligación de proteger a sus jueces frente al crimen organizado. Nadie discute eso. Lo que sí debe discutirse —y a fondo— es a qué costo. Un juez anónimo, activado a petición del Ministerio Público y durante todas las etapas del proceso, rompe el equilibrio básico del debido proceso: imparcialidad verificable, defensa efectiva, publicidad y control democrático. La historia latinoamericana ya lo demostró: los “tribunales sin rostro” no fortalecen la justicia, la debilitan.
Un Estado fuerte no es el que esconde a sus jueces, sino el que puede protegerlos sin sacrificar garantías. Normalizar la excepción es abrir la puerta al abuso. Hoy dicen que es “extraordinario”; mañana será rutina. Y cuando la justicia se vuelve invisible, el poder deja de rendir cuentas. La seguridad no puede construirse sobre el sacrificio del derecho a un juez visible, responsable y plenamente controlable. Aquí no está en juego una reforma más: está en juego el modelo de justicia que queremos.
@EmbCanMexico@QuiuboFer Hola, llené solicitud el viernes pero no he obtenido respuesta. Revisé el estatus y dice que fue recibida, pero aún no he recibido respuesta. ¿Qué puedo hacer?
Tienen el permiso de su astróloga favorita (o sea, yo) para mandar a la gente a freir churros (teniendo en cuenta las consecuencias desde ya). La Luna llena en Aries nos va a tener a todos con la mecha cortísima. Preparen los pochoclos porque habrá barrrrdo por todos lados.