Baila entre la mezquindad, la pólvora y el alquitrán Baila entre las tristes sombras de lo marginal. Baila para alumbrar el resquicio de la sociedad. Baila para ser un reptil que se arrastra hurgando en las cavernas o una gaviota que anuncia tierras nuevas. Bailar no es un pedido, es una imploración porque quizás sea la única posibilidad de ahuyentar y disipar la oscuridad. ¡BAILA!