Randle vino en un traspaso que se llevó a uno de los jugadores más queridos de la historia de Minnesota, no solo por lo que hizo en la cancha, sino por lo que significó en la comunidad acá en las Twin Cities.
El recibimiento fue tibio, como era de esperarse; ninguno estaba muy feliz de tener a Randle. Creo que todos estábamos bastante más contentos de tener a Donte Divincenzo, a pesar de su comienzo flojo como miembro del plantel.
Luego vino el game winner contra los Suns y, nobleza obliga, el nivel de All-Star que mostró cuando volvió de su lesión. El hincha le brindó su cariño, su apoyo y su (a veces más, a veces menos) paciencia. Su familia siempre fue bien recibida, su hijo incluso se convirtió en una presencia que levantaba los ánimos en la cancha. Tuvo una pésima serie contra OKC. El hincha, aun así, siguió aplaudiendo su nombre cuando lo anunciaron en la alineación inicial noche a noche en el Target Center. Jamás, ni una sola vez, lo escuché ser abucheado. Incluso ocupando el lugar que podría haber sido de uno de los tipos más queridos en este equipo, que es Naz Reid. No solo todo esto, sino que este equipo le extendió el contrato.
Desconozco si habrá tenido alguna urgencia o algún motivo personal grave para no presentarse a declarar, pero de no ser así, es una falta de respeto inaceptable. Los hinchas estuvimos siempre, en las buenas y en las malas, no enfrentar los micrófonos y dar explicaciones, válidas o no, para la gente que hace que él pueda ganar la cantidad de dinero que gana, me parece una actitud cobarde, egoísta y mezquina, y eso es igual o más grave que su actuación en estos playoffs.