Qué atractivo es cuando un hombre sabe comunicarse bien. No desaparece, te cuenta lo que hace, se disculpa si tarda en responder y no te deja adivinando nada. Eso que es tan básico.
Me lo tomo personal porque a estas alturas ya sabemos lo que hacemos, con quién y por qué. No hay despistes inocentes. Las acciones hablan por sí solas y no tengo por qué restarle importancia a lo que me duele.