Vean lo que es esta secuencia, por favor. Vean nada más cómo gritó su doblete ante Austria. Ya no tiene nada que demostrarle a nadie, ya completó el fútbol, pero sigue viviéndolo con la misma pasión que cuando todo comenzó. No juega por récords individuales, no juega por números y no juega para tener más dinero. Juega por gloria, juega por amor a la pelota, juega por su familia y juega por Argentina. Nadie como Lionel. NADIE.
Mientras acá pelotudeamos con rumores, noticias, apresuramientos y mala leche, uno de los hijos de Jorge, en lugar de estar ahí, con su familia, está en Estados Unidos, porque ama a esta camiseta, porque es el capitán y porque es argentino hasta los huevos.
Nos hizo y nos hace muy felices, lo mínimo que podemos hacer por él es respetar este momento y agradecer que no nos deja en banda para estar con su papá, como haríamos cualquiera de nosotros. Claro, nosotros no somos Messi.
Gracias, Messi. Y mucha fuerza, porque cuando uno de tus viejos está pasándola mal de salud, todo es una mierda…