COMER EN GALICIA
(Dedicado a todos los que saben reir)
Comer en Galicia no es alimentarse.
Comer en Galicia es un acto de fe.
Tú no comes porque tengas hambre… comes porque alguien te dijo “proba isto” y ya no hay vuelta atrás.
En Galicia no existe el concepto de “un poquito”.
Aquí dices:
—“No, yo poco.”
Y te ponen un plato que pesa más que tu pasado.
Tú vienes con educación, con modales de ciudad:
—“No, gracias, ya he comido.”
Y la señora gallega te mira como si acabaras de insultar a su linaje y responde:
—“Come, que estás fraco.”
¡FRACO!
Mido 1,80, peso 85 kilos…
pero aquí, si no ruedas, estás desnutrido.
Y luego está el tema de las comidas “ligeras”.
En Galicia una comida ligera es:
caldo
empanada
pulpo
carne
postre
café
licor café
Y alguien dice:
—“Nada, comimos pouco.”
¿POCO?
Si al levantarte de la mesa te despides de la familia por si no vuelves.
Y el marisco…
El marisco en Galicia no se come, se lucha.
Tú contra la nécora,
la nécora contra ti,
y al final pierden la camisa, la dignidad y el mantel.
Sales del restaurante oliendo a percebe,
con las manos como si hubieras cometido un crimen
y feliz…
extrañamente feliz.
Y ojo con decir que no te gusta algo.
No puedes decir:
—“No me gusta el pulpo.”
Eso aquí no es una opinión,
es una provocación.
Te dicen:
—“Este no, prueba este otro.”
—“No, si no me gusta…”
—“CALA Y COME.”
Y comes.
Y te gusta.
Y te odias un poco por haber dudado.
Y hablemos del “picar algo”.
La frase más peligrosa del idioma español.
—“Vamos a picar algo.”
Sí, claro…
y acabas comiendo empanada, queso, chorizo, pan,
más pan,
pan para el pan
y alguien diciendo:
—“Esto estaba ahí.”
¿AHÍ DÓNDE?
¿En un universo paralelo?
Y el pan…
El pan en Galicia no acompaña.
El pan participa.
Si no usas pan, alguien se preocupa:
—“¿No te gusta?”
El pan sirve para empujar, limpiar, recoger, rematar
y dejar el plato más brillante que cuando lo compraron.
Porque aquí dejar salsa es pecado mortal.
Y luego está el postre.
Tú dices:
—“No, postre no.”
Error.
En Galicia el postre no se pide,
se impone.
—“¿Tarta o filloas?”
—“No, nada.”
—“Pues las dos.”
Y cuando ya no puedes respirar,
cuando tu cuerpo pide auxilio,
llega el café.
Pero no un café.
El café.
Que viene con:
—“¿Un chupito?”
—“No, gracias.”
—“Va, uno.”
Y de repente llevas tres licores dentro
y estás hablando de política, del tiempo
y de un primo que no conoces
pero al que ya quieres.
Porque comer en Galicia no va de comida.
Va de sentarte,
de quedarte más de la cuenta,
de salir diciendo:
—“No puedo más…”
mientras te guardan algo
“por si luego tienes hambre”.
En Galicia no se pasa hambre.
Se pasa exceso de cariño.
Y colesterol…
pero sobre todo cariño. ❤️