“Que nuestras luchas logren La Paz, La Vida Plena, una democracia más profunda y multicolor y la justicia social para los más débiles” Gustavo Petro @petrogustavo@infopresidencia
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EL MIEDO A LA CONSULTA
Ayer en la plenaria del Senado, la oposición hizo esfuerzos desesperados para evitar que se apruebe la consulta popular. Para ello utilizó toda clase de pretextos: ahora sí quiere discutir la reforma en el Senado, dice que las preguntas planteadas son “populistas“, denuncia que se trataría de una “estrategia electoral” del gobierno, objeta que se debe invertir recursos para organizar la participación popular. Todo ello tiene un solo nombre: miedo a la participación ciudadana para adoptar una justa reforma social. Siguen sin entender que el país ha cambiado, y que los tradicionales métodos utilizados para frustrar los debates sociales en el Congreso ya están condenados al fracaso.
Iván Cepeda decidió continuar una línea qué el Polo Democrático había iniciado con mi trabajo parlamentario: la investigación del genocidio colombiano y su autor: la alianza entre políticos poderosos y el narcotráfico paramilitarizado.
Pero Iván no logró el debate en el sitio que para él, debía darse: el Congreso de la República. Sino que fue acusado judicialmente y llevado a tribunales.
El proceso se volvió en contra del acusador, y ahora es acusado.
Paradójicamente el antes acusado y el anterior acusado, que se transforma hoy en acusador, en un " Yo acuso", que sale de la voz de las víctimas, son ambos víctimas. Sus padres fueron asesinados por el narcotráfico: el padre de Iván, mi amigo el senador Manuel Cepeda, con quien compartí curul en mi primera entrada al congreso, dirigente de la UP, asesinado por la alianza entre generales, gobernantes y narcotraficantes.
La diferencia entre las dos víctimas, con sus padres asesinados, es que Ivan perdonó y Uribe no pudo perdonar, lo carcomió el odio y la venganza.
Cuando esto pasa, el odio transforma a la víctima en victimario, por eso perdonar es fundamental para salvar el alma, para salvarse a sí mismo.
Cuando esto sucede en el ejercicio del gobierno, el que perdona puede llevar su sociedad a la paz, y el que odia, condena su sociedad al odio y a la muerte fratricida
El paramilitarismo vuelve a ser juzgado en tribunales, ya no a través de quienes levantaron las armas contra el pobre y al diferencia política, sino contra quienes fueron, desde los gobiernos y las grandes empresas, sus autores reales.
Son los grandes victimarios del país.
Iván Cepeda, como persona, ha resistido como ninguno, ha pagado con su propia salud, pero ha enseñado a Colombia lo que es la resistencia y la posibilidad de la transformación de nuestra sociedad y de nuestra historia de violenta en pacífica. Es un terco de la paz. Y Colombia necesita, hoy más que nunca, tercos de la paz y no tercos del odio.