Todo es político. Aplaudir a Los Mirlos por dedicar canciones a los defensores ambientales mientras votaste por un fujimorismo extractivista y criminal es contradictorio.
¿En el Perú hubo “terrorismo” o “conflicto armado interno” (CAI)? Estamos ante un falso dilema, pues la denominación CAI no excluye ni hace menos condenables los terribles actos terroristas que existieron y que todos rechazamos. Abrimos hilo 🧵
En Lima, el tráfico roba calidad de vida, no solo tiempo
Miles de personas pasan entre tres y cuatro horas al día desplazándose por la capital debido a la congestión, el transporte informal y una infraestructura insuficiente. Mientras crece el parque automotor, los expertos advierten que la expansión del metro sigue siendo la principal esperanza para mejorar la movilidad y reducir las pérdidas económicas que genera el caos vial.
Una de las grandes tragedias políticas de América Latina es que muchas personas no votan desde la realidad material que habitan, sino desde la clase social a la que aspiran pertenecer.🧵
Steve Levitsky: "Si Keiko gana, tendra mucho mas poder que Sanchez para seguir construyendo un estado mafioso y autoritario. Votar en blanco o viciar el voto puede hacerte sentir bien, pero no ayuda a combatir la amenaza que representa el fujimorismo."
Tantas guerras en salud, y ninguna necesita un F-16.
El Estado peruano compromete 3,500 millones de dólares en aviones de combate —un tercio del presupuesto anual en salud— mientras su sistema sanitario acumula frentes críticos sin respuesta.
La decisión de del Estado Peruano de comprometer 3,500 millones de dólares —unos 13,125 millones de soles— en 24 cazas F-16 obliga a una pregunta elemental: ¿cuáles son las prioridades reales del país? Ese monto equivale a cerca de un tercio del presupuesto público anual en salud. Es una decisión de asignación de recursos que dice, con más precisión que cualquier discurso, qué considera el Estado que vale la pena financiar.
El debate que ha generado esta compra —sobre su legalidad, su transparencia y el proceso de toma de decisión— es legítimo y necesario. Pero hay otra dimensión que no ha ocupado el espacio que merece: la de un sistema de salud que lleva décadas operando en condiciones de déficit estructural y que, lejos de recibir el impulso que necesita, ve cómo el Estado compromete en una sola operación militar lo que representaría un aumento del 33% en su financiamiento anual.
El sistema de salud peruano es uno de los más precarios de América Latina. Su financiamiento público —3,6% del PBI— está muy por debajo del 6% que la OMS establece como umbral mínimo para una cobertura universal efectiva. Esa brecha no es nueva ni accidental: es el resultado de decisiones sostenidas, durante sucesivos gobiernos y políticas neoliberales, de no priorizar la salud pública.
La pandemia de COVID-19 mostró el costo de esa elección: el Perú registró una de las tasas de mortalidad exceso más altas del mundo. No se trató de una anomalía: fue la expresión de décadas de subinversión en infraestructura, en equipamiento y en capacidad de respuesta. Una vez pasada la emergencia, cabía esperar algún tipo de corrección. No ocurrió. Las condiciones estructurales permanecen y, en algunos aspectos, se han agravado.
El desfinanciamiento no fue corregido tras la pandemia. Fue normalizado.
Hoy ese déficit tiene expresiones concretas y simultáneas: desabastecimiento recurrente de medicamentos, escasez de camas y equipos, déficit de médicos y enfermeras en las regiones más vulnerables. Y hay una señal especialmente grave: el colapso del programa nacional de inmunizaciones. Desde 2025, 89 niños han muerto por tosferina y más de medio centenar han sido afectados por sarampión —enfermedades que el Perú tenía bajo control desde hacía casi cuatro décadas. Su reemergencia no es un accidente epidemiológico: es la consecuencia predecible de un programa de vacunación sin los recursos ni la operatividad necesarios. A esto se suma el recorte al financiamiento de Beca 18, el principal mecanismo para formar profesionales de salud en sectores de bajos ingresos, precisamente cuando el déficit de personal es uno de los problemas más urgentes del sector.
Lo que une todos estos problemas es la ausencia del tema en la agenda política. Durante la última campaña electoral, la salud pública no fue un eje de debate. No hubo propuestas de financiamiento con metas verificables, ni diagnósticos detallados de la situación del primer nivel de atención, ni compromisos sobre cobertura de medicamentos. Que ahora la compra de armamento sí ocupe el debate político no es una paradoja menor. Revela, con claridad incómoda, a quién le habla el Estado cuando decide gastar.
La precariedad del sistema de salud tiene, además, una dimensión económica que raramente se menciona. El gasto de bolsillo en salud —lo que las familias pagan directamente cuando el sistema público no responde— es una de las principales causas de empobrecimiento en el país. Un sistema insuficiente no solo genera consecuencias sanitarias: transfiere el costo de la enfermedad a las personas que menos pueden asumirlo.
Con el costo de los F-16 se podría cerrar la brecha de financiamiento del primer nivel de atención de salud durante años. Esa comparación no es demagogia. Es política pública.
No se trata de negar las responsabilidades del Estado en materia de defensa. Se trata de reconocer que el Perú tiene abiertos múltiples frentes sanitarios —financiamiento insuficiente, desabastecimiento, caída de coberturas vacunales, déficit de personal, infraestructura deiciente y tecnología obsoleta— con soluciones conocidas que requieren inversión sostenida. Para ninguno de esos frentes se necesita un caza supersónico. Se necesita la decisión política de tratarlos como lo que son: una prioridad.
El debate sobre los F-16 pasará. La pregunta sobre qué tipo de Estado y qué tipo de sistema de salud quiere ser el Perú para su población, en cambio, sigue sin responderse.
Artículo original en: https://t.co/WwmgibLeRr
La creación de #Beca18 y la creación de Beca Presidente de la República, rebautizada como Beca Generación del Bicentenario, fueron proyectos de nuestro gobierno dirigidos a dar una oportunidad a miles de jóvenes que, teniendo la disciplina y el talento, no tenían el dinero para cumplir sus sueños. Hoy esos sueños se esfuman al reducir y desfinanciar los programas hasta hacerlos desaparecer. Todos los esfuerzos del Ejecutivo deben ir dirigidos a asegurar los fondos para la educación. Becas, COARs, mantenimiento de colegios, personal docente, entre otros. El presupuesto existe, necesitamos ahora la voluntad política. Se lo debemos a nuestros adolescentes y jóvenes.
[Texto enviado por el expresidente de la República del Perú, señor Ollanta Humala]
Vuelve a sentirse en el Perú el hedor de los noventas. Esa cosa tiránica, abusiva, mentirosa, corrupta, con medios y periodistas haciendo de vasallos del statu quo autoritario. Nos tienen secuestrados, ¿y no vamos a hacer nada?
qué manera del estado peruano de fallarle a sus ciudadanos una y otra vez. de qué sirve esforzarte, si todo se cae de una a otro porque el congreso aprobó el 10% del presupuesto que PRONABEC había solicitado. de verdad que esta es una tierra infertil donde nada crece.
¿Keiko y Sánchez son pésimos candidatos? Sí
¿Fuerza Popular manipuló la Ley Electoral para estar en 2da vuelta y hacerse del congreso otra vez? Sí
¿Fuerza Popular es una organización criminal? Sí
¿Keiko es peor que Sánchez? Sí
Ya ven, no es tan difícil.
Me dices que hay que votar por ella por la estabilidad del país, pero si ella es la culpable de la inestabilidad del país desde que perdió con PPK.
A mí no me engañas!
@DiegoCortazar98 Pueden pintarse de correctos y limpios ahora. Pero los resultados de su simulacro de votación del sábado dista mucho de lo presentado ayer y hoy. No disminuirán la desconfianza que deja en la gente la imagen de una supuesta manipulación en sus encuestas.
Si sube Sánchez, me voy a alegrar. Si sube Nieto, me voy a alegrar. Si sube López Chau, me voy a alegrar. Si sube Atencio, Marisol, Lescano, Mesías, me voy a alegrar. Que suban todos y entren al Senado todos, en vez de esos del Pacto Mafioso que detesta el 80% del país.