Mi Dios, en quien confiaré.
Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
Salmo 91, 3-6.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quién nos ofende,
Me parece linda la idea de construir algo con alguien: crecer juntos, admirarse incluso conociendo los defectos y errores del otro, y aun así elegir mejorar y evolucionar de la mano. Porque, al final, de eso se trata.
«El dolor no destruye al hombre; lo destruye creer que no podrá levantarse. La libertad empieza el día en que decides no ser esclavo de lo que te hirió».
— Epicteto
No puedes controlar cuánto tiempo vivirás. Pero sí puedes decidir cómo vivir el tiempo que tienes. Al final, nadie recordará cuántas horas pasaste mirando una pantalla o preocupándote por cosas que nunca ocurrieron. Recordarán —y tú también— cómo elegiste vivir cuando aún tenías la oportunidad.
Higiene digital. Seguridad cognitiva. Domina tus emociones. Conserva tu dopamina, mantén tus habilidades de pensamiento crítico. No te creas todo lo que ves. Conserva la capacidad de leer y aprender en profundidad. Lo único que no te pueden arrebatar es tu mente.