Bogotá es una putería.
Pones direccional y prefieren estrellarte que dejarte pasar. Te pones chaqueta y sacas sombrilla y hace el sol más hijueputa que jamás hayas sentido. Estrenas gafas de sol y tenis blancos y el diluvio universal te cae de repente desde un cielo que antes parecía azul. Cualquier noche que quieras salir encuentras plan: teatro, restaurantes y fiestas. Si no quieres conocer gente, te encierras. Si sales, conoces a personas de todo el mundo. En ninguna otra ciudad del planeta se habla un español tan bonito y, sobre todo, tan neutro. No hay en el mundo un metro más antiguo: desde antes de fundada la ciudad ya estábamos peleando si por arriba o por abajo, y encontrando excusas para no hacerlo. Hasta que lo hicimos.
No somos la ciudad de la eterna primavera, pero acá siempre hay flores. No somos la ciudad de los parques, pero acá siempre hay dónde jugar. No somos la sucursal del cielo, pero el cielo a 2.600 metros de altura es espectacular. No somos la ciudad musical, pero acá siempre hay festivales y conciertos. Y, por último, no somos una ciudad sin problemas, pero acá siempre estamos listos a encontrar soluciones. Porque en Bogotá, sobre todo, se encuentra lo que uno quiera buscar.
Feliz cumpleaños, Bogotá.
Ustedes saben porqué muchas mujeres no denuncian?
Por el temor tan sapo hpta de que le digan, quien en su sano juicio sale con desconocidos, quien la mando a tomar tanto, quien la mando a vestirse así, quien la mando a ...
Me parece injusto llamarle ‘gusto culposo’ al apego a cierto cantante que a uno le gusta y a los demás no, y tener que mantenerlo en reserva sólo para evitar las críticas y descalificaciones de los amigos más cercanos. No hay culpa en eso.
Si usted quiere enamorar a una mujer que vive sola, olvídese de flores y chocolates, mejor pregúntele si se le rompió algo en la casa o hágale la compra.
Parce, de verdad que yo quisiera ser de esa gente que adora manejar, pero no soy. Odio el estrés que me genera manejar, odio esa sensación en la pierna cuando uno lleva mucho en un taco y se empieza a cansar de manejar a punta de clutch, odio el sonido de los pitos
Hace meses compré un rímel de pestañas, su empaque me encanto. Lo use y me dejo las pestañas lindas.
Pero con los días se fue secando y no era de la calidad que parecía, traté de darle tiempo pero se puso peor.
Y como no me gusta conformarme con menos de lo que merezco, lo bote.
Abonarse e ir al estadio es una inversión ni la hijueputa; a eso súmele camiseta, indumentaria y demás. Ahora, los que quieran previa (almuerzo o trago) y los que viajan. Ser hincha es una cosa, acompañar al equipo es otra y nuestra posición es de privilegio, mis queridos.