Es normal que existan cipayos colombianos, no importa el estrato ni su posición social, pidiendo una intervención gringa en nuestro país. ¡Que bombardeen y se lleven a Petro! Y digo normal porque la vocación de colonizados los hace arrodillar frente a los designios de un criminal que no busca nada más que la apropiación de los recursos y las soberanías de los países latinos para consolidar su delirio de emperador y seguir las doctrinas que por décadas han servido para monopolizar. Lo que pasa es que Petro sí es un presidente legítimo que ganó en democracia y que ha gobernado respetando la Constitución del 91. Ha defendido el derecho a la oposición y ha garantizado sus vidas sin usar la fuerza de Estado para reprimir manifestantes. No hay una sola prueba que vincule a Petro con narcotraficantes ni tráfico de drogas. Y tampoco un solo indicio de quedarse en el poder amparado por un régimen dictatorial. Así que los supuestos demócratas que piden una intervención militar gringa se pueden quedar esperándola sentados en sus sofás desde donde claman sangre, fuego y muertos mientras siguen parasitando el erario y cohonestando con paramilitares y narcos. El verdadero problema en Colombia es el nepotismo, la plutocracia y el enquistamiento de la corrupción provenientes de las mismas familias que una y otra vez repiten ciclos de violencia para perpetuarse en el poder. ¡Si a Petro lo captura ilícitamente el presidente del país que hoy se queda con el petróleo venezolano el pueblo colombiano se hará sentir como nunca antes!
Trump se enloqueció. Esto no es una disputa entre Trump y Maduro, ni entre un tirano y otro. Es una disputa por el petróleo y por la riqueza del pueblo venezolano.
Para Trump, América Latina sigue siendo su patio trasero. Hoy es Venezuela, mañana puede ser cualquiera. La disputa es entre sensatez o barbarie, entre dignidad o sometimiento.