Soy la madre de Carlos Emilio.
Y estos días, mientras México celebra y el mundo nos observa, no he podido dejar de pensar en algo.
He visto imágenes que dicen mucho más de nosotros que cualquier discurso.
Vi personas cubriéndose de la lluvia con lonas que llevaban los rostros de quienes hoy siguen siendo buscados por sus familias.
Vi también a ciudadanos detenerse para escuchar.
A personas acercarse a abrazar a madres buscadoras.
A artistas y figuras públicas utilizar su voz para recordar que detrás de cada ficha de búsqueda existe una vida humana que merece dignidad.
Y vi a visitantes de otros países mostrar respeto frente a un dolor que ni siquiera les pertenece.
Todo eso ocurrió en los mismos días.
En el mismo país.
Bajo el mismo cielo.
Y entonces comprendí que la pregunta ya no es únicamente dónde están quienes faltan.
La pregunta es quiénes queremos ser nosotros frente a su ausencia.
Porque quienes hoy son llamados “desaparecidos” no desaparecieron en un acto de magia.
No se evaporaron.
No se borraron solos de este mundo.
Fueron engañados.
Fueron privados de su libertad.
Fueron arrancados de sus hogares, de sus sueños y de las personas que los aman.
Por eso me cuesta llamarlos simplemente “desaparecidos”.
Porque esa palabra parece describir un accidente.
Y no fue un accidente.
Son personas que nos fueron arrebatadas.
Entre ellas está mi hijo, Carlos Emilio.
Pero también más de ciento treinta y tres mil seres humanos cuyos nombres, historias y familias siguen esperando verdad y justicia.
No escribo estas palabras para cuestionar una celebración.
México merece celebrar.
El deporte une comunidades.
Une pueblos.
Une naciones.
Nos enseña respeto, trabajo en equipo, solidaridad, perseverancia y humanidad.
Y precisamente por eso me surge una pregunta.
¿Qué intentamos mostrarle al mundo durante este Mundial?
Porque si los valores del deporte son capaces de unir a millones de personas, entonces también deberían ser capaces de ayudarnos a ver a quienes siguen faltando.
Si este evento tiene una proyección mundial, ¿no sería también una oportunidad para que el planeta conozca a ese México que sigue buscando?
Al México de las madres que no se rinden.
Al México de las familias que siguen esperando.
Al México que se niega a olvidar a quienes le fueron arrebatados.
Porque si algo justifica que hoy el mundo nos mire, es que también pueda ver nuestra verdad.
No para avergonzarnos.
No para dividirnos.
Sino para demostrar que somos un país que se atreve a reconocer sus heridas y a seguir buscando a quienes faltan.
Porque el respeto universal comienza ahí.
En comprender que una fotografía no es una lona.
Que una ficha de búsqueda no es propaganda.
Que una cifra no es una estadística más.
Es una persona.
Es una vida.
Es alguien que sigue siendo amado.
Por eso la Ruta Textil importa.
#LaRutaDeCarlosEmilio
Porque cada puntada devuelve un nombre.
Porque cada bordado devuelve identidad.
Porque cada rostro nos recuerda que ninguna persona debería ser reducida al olvido.
No son los desaparecidos.
Son las personas que nos fueron arrebatadas.
Y si el deporte puede unir al mundo entero por noventa minutos, quizá también pueda ayudarnos a recordar que más de ciento treinta mil personas siguen esperando ser encontradas y que sus familias siguen esperando justicia.
Porque la forma en que decidamos tratar a quienes nos fueron arrebatados hablará siempre más de nuestra sociedad que cualquier marcador, cualquier discurso o cualquier celebración.
#CarlosEmilioGalvánValenzuela
#LaRutaDeCarlosEmilio
#mundialdefutbol
#FIFA
#MemoriaYDignidad
#NoSonDesaparecidos
#NosFueronArrebatados
El embajador de EUA habló de combatir juntos a los cárteles.
No pidió votar por nadie.
No respaldó a ningún partido.
No intervino en una elección.
Habló de seguridad, narcotráfico y cooperación bilateral.
Si eso es “injerencia”, entonces habría que preguntarse bajo qué criterio la Presidenta sí puede opinar sobre elecciones en Colombia mientras exige que otros no opinen sobre México.
Los principios internacionales no deberían aplicarse según convenga políticamente.
Let's talk about Cuba. Take away the Soviet checks, the Venezuelan oil, the Chinese rescue boats and the Iranian friends. What is actually left?
An island with nothing to sell and nobody left to pay the bill. No oil worth seizing. No industry worth taking. No strategic mineral buried under the sugarcane.
By every material measure that a normal country is judged on, Cuba leads nowhere. It is a sixty year money sink that bled every patron foolish enough to adopt it, and then outlived them.
So you might be asking, why has Trump set his sights on it? Why is Marco Rubio counting the minutes like a man watching the last grains run out of an hourglass he flipped over himself?
Why are they even bothering?
Not for what's under the ground, for sure. There's nothing under the ground. They're going after what's above it.
Because Cuba was never a country to the people who ran it. It was a billboard. The single surviving advertisement that filthy communism could plant itself ninety miles from the most powerful nation on earth and refuse to die.
That was the whole product. Not sugar. Not rum. Not nickel. The export *was* the communism.
Cuba sold the world a story that communism could outlast America, and for sixty years it kept that story on life support so every campus radical and every jungle guerrilla and every tin pot revolutionary had a poster to point at, while the island was crumbling under the weight of the Castro regime.
That propaganda abomination is about to die and I, for one, couldn't be happier about it.
You cannot sell the dream of the worker's paradise while the workers cook on firewood in the street and the hospitals run on flashlights.
What is collapsing on Cuba, besides the buildings and the barely functioning cars, is the last functioning piece of evidence that the filthiest idea of the last century ever worked anywhere.
Cuba's only real export was communism, and it's about to be permanently discontinued.
And the world will be lighter for it.
Aujourd’hui, j’étais à la banque, dans la file d’attente devant un distributeur.
Devant moi, un monsieur très âgé. Plus de quatre-vingts ans, sûrement.
Il tenait une enveloppe dans la main, un peu tremblante.
Quand ce fut son tour, je l’ai observé discrètement.
Il touchait l’écran, hésitait, revenait en arrière…
Je voyais bien qu’il ne comprenait pas.
L’écran, les boutons, les étapes… tout semblait trop rapide pour lui.
La file derrière commençait à s’impatienter.
Lui, il s’est retourné vers moi, avec un regard gêné mais digne,
et il m’a demandé, tout doucement :
« Vous pourriez m’aider… s’il vous plaît ? »
Je me suis avancée tout de suite.
Je lui ai expliqué calmement, étape par étape.
Sans jamais toucher son argent.
Par respect. Par pudeur. Par délicatesse.
Il voulait faire un dépôt.
Il a réussi, lentement, en se concentrant.
Quand l’opération s’est terminée, il avait l’air soulagé.
Comme un enfant fier d’avoir réussi.
Il m’a remerciée avec un sourire incroyable.
Et juste avant de partir, il a sorti un billet de 10 euros de sa poche
et a voulu me le donner.
J’ai refusé.
Il a insisté. Il m’a dit que c’était « pour le petit-déjeuner ».
Pour me remercier à sa manière.
J’ai décliné encore, doucement.
Et là, je suis repartie avec un nœud dans la gorge.
Parce que ce monsieur…
ce n’est pas un cas isolé.
Ils sont nombreux, nos parents, nos grands-parents,
perdus face à un monde devenu trop numérique, trop rapide, trop froid.
Perdus devant les écrans, les bornes, les applications, les mots de passe.
Ces gens ont construit le pays dans lequel on vit.
Ils ont travaillé toute leur vie.
Ils ont payé, cotisé, élevé des enfants, tenu des familles.
Et aujourd’hui, on les laisse seuls
face à des machines qui ne parlent pas,
dans des banques sans guichet,
dans des hôpitaux sans accueil,
dans des administrations sans humain.
On parle d’innovation, de progrès, de modernité…
Mais on oublie l’essentiel : l’humain.
S’arrêter cinq minutes pour aider quelqu’un,
ça ne coûte rien.
Mais pour eux, ça change tout.
Parfois je me demande :
est-ce qu’on avance vraiment…
ou est-ce qu’on devient juste plus rapides à oublier les autres ?
@bildosaravia escuché con atención la entrevista con Carmen Aristegui espacio donde se les está dando voz a la grave problemática del gusano barrenador en el país, lo felicito por la claridad de sus conceptos, espero sean escuchados y actúen en consecuencia.
Que no se olvide este pequeñísimo detallito.
¿Cuál es el verdadero objetivo de tomar el poder judicial?
Que no le estorbe nada al comunista gobierno de la cuarta defecación para hacerse de los 230 mil millones de dólares de las reservas de @Banxico.
Hilo.
Para que quede resuelto el tema de una vez y para siempre, en México, sólo el 0.02% de las Empresas son las que pagan el ¡46% de los impuestos! ¡CUARENTA Y SEIS POR CIENTO!
O sea, si de pronto, esas mismas 11,895 Empresas, se fueran del País, (Como por ejemplo, al instalar una dictadura castrochavista) el subgobierno se quedaría sin la mitad de sus ingresos, más lo que se perdería de la recaudación tributaria de sus empleados, personas físicas y otras empresas más chicas que trabajan para ellos.
El País entero, se empobrecería de la noche a la mañana.
O sea, México ¡Quebraría!
Shairos, si creen Ustedes que quien paga las becas es el Empeorador Kim We Bón, están muy equivocados, son esas 11,895 Empresas, a las que les deberían agradecer que se hayan fundado y que sigan generando ingresos para pagar impuestos.
#ElCacas sólo los malgasta.
Éste subgobierno, no produce NADA, excepto, claro está, PROBLEMAS, VERGÜENZAS INTERNACIONALES Y 2 MILLONES DE POBRES AL AÑO. Puntualmente.
No hay discusión.
Por eso, a las Empresas se les atrae, para que INVIERTAN y generen ingresos para pagar impuestos, como acaba de ocurrir con Elon Musk y Tesla.
Sin Empresarios, no hay Empresas, sin Empresas no hay Inversión, sin Inversión no hay creación de Empleos, ni generación de ingresos que pagan impuestos.
Los Empresarios y las Empresas, los Empleados y las Personas Físicas, son fundamentales e insustituíbles en una economía sana.
Por eso, se debería ¡INCENTIVAR la inversión!
Por eso, lo que éste imbécil mal llama "Neoliberalismo" es precisamente DE LO QUE COME él, su familia y TODA la burocracia estatal.
El resto de las Empresas pagan
otro 24% del total.
Es decir, sin esos impuestos, pagados por los "Aspiracionistas" que son dueños o empleados que trabajan en esas Empresas o que son proveedores de las mismas, no habría para pagar los gastos de NINGÚN POLÍTICO.
NINGUNO.
Para que jamás piensen que se puede prescindir de ninguna empresa, recuérdenlo al votar y no se dejen engañar por falsos profetas de Utopías socialistas.
Sin Empresas, no tragaría el Empeorador Narcoreano,
Kim We Bón, ni toda su horda de asaltantes engañatarados.
¿Así o más claro?
Grotesca demostración de sometimiento de senadores 4T a la línea impuesta por el coordinador obradorista del Senado, @adan_augusto . Ratificación vergonzosa (e indicativa) en la @CNDH de la peor en calificaciones internas, @RosarioPiedraIb, inserta con trampa en la terna final.