Comparto a continuación una reflexión serena, estratégica y necesaria sobre la situación actual de Venezuela.
Todo lo que hoy haga Delcy Rodríguez en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro no ocurre de manera improvisada ni autónoma. Ocurre dentro de un marco de control, aprobación y supervisión del gobierno de Donald Trump. Desconocer esta realidad sería un error de lectura geopolítica.
¿Que Estados Unidos tiene intereses energéticos en Venezuela? Por supuesto. Eso nunca ha estado en duda. Sin embargo, reducir su estrategia únicamente al petróleo es una simplificación peligrosa.
Estados Unidos busca estabilidad regional, socios confiables y estructuras institucionales funcionales que permitan reconstruir a Venezuela como un país seguro, próspero y sostenible, y aquí no entra el chavismo. El petróleo es una variable importante, pero no es el eje único de la ecuación.
La aparente “tranquilidad” que hoy se observa en Caracas no debe confundirse con normalidad. No es paz: es estrategia. Es una fase de contención cuidadosamente diseñada para desmovilizar emociones, enfriar expectativas y sembrar la narrativa de que nada ha cambiado, cuando en realidad el cambio ya ocurrió. Esa calma no es fortaleza; es control temporal.
La realidad es que Delcy Rodríguez, su hermano Jorge Rodríguez, junto a Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, operan hoy bajo una presión sin precedentes. Están rodeados por un poder militar y político muy superior al que ellos controlan. Su margen de maniobra es limitado y su única opción racional es cooperar. Salirse de esa línea tendría consecuencias más severas que las ya enfrentadas por Maduro.
Conviene recordar un dato clave: Maduro enfrenta más cargos criminales que Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Y aunque intente proyectar serenidad ante las cámaras, su destino ya no es político ni diplomático. Es judicial. Los delitos que enfrenta no prescriben, atraviesan jurisdicciones internacionales y el escenario más probable es una condena que implique dos cadenas perpetuas. Ayer, en términos históricos, fue el cierre definitivo de su ciclo de poder.
Paralelamente, no puede pasarse por alto el liderazgo que han construido María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. Ese liderazgo no se limita a un evento electoral: se sustenta en legitimidad interna, respaldo ciudadano y reconocimiento internacional.
No debería existir ninguna duda razonable: ellos representan la conducción política legítima de esta nueva etapa del país.
En este contexto, resulta evidente que Delcy Rodríguez traicionó políticamente a Maduro. Fue ella quien facilitó su entrega. Y una sola pregunta basta para entender el fondo de la estrategia:
Si Maduro no es reconocido por Estados Unidos, ¿bajo qué lógica podría Estados Unidos reconocer a Delcy Rodríguez?
La respuesta es clara: no se trata de reconocimiento, sino de uso táctico dentro de una transición ordenada, controlada y con el menor nivel de caos posible.
Delcy y su hermano no defienden un proyecto político ni una ideología. Defienden su supervivencia personal y judicial. Ese es el verdadero motor de sus movimientos.
Por ello, cuando los veamos llamar a movilizaciones, a exigir la supuesta “libertad de Maduro” o a hablar de un “secuestro” por parte de Estados Unidos, debe entenderse con absoluta claridad: eso es teatro político. Un libreto diseñado para victimizarse, confundir a sus bases y ganar tiempo.
Dentro del chavismo no hay cohesión. Hay fracturas, desconfianza, traiciones y una lucha interna por sobrevivir. Y cuando Trump afirma que hubo conversaciones con Delcy Rodríguez para que colaborara con los intereses de Estados Unidos y que ella aceptó eso debe asumirse como el dato político relevante. No las declaraciones públicas de Delcy, ni de Diosdado, ni de Padrino.
Hoy, el poder real no se comunica desde Miraflores; se manifiesta desde Washington.
En términos geopolíticos, la batuta la tiene Estados Unidos. Y quien tiene la batuta, marca el ritmo.
Eso es el Helicoide, en Caracas, posiblemente el mayor centro de tortura del mundo. Miles de jóvenes son desnudados y colgados del techo para ser interrogados sólo por estar en contra de la dictadura. Las mujeres se ven obligadas a ofrecerse sexualmente a los guardias chavistas.
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
Conmovida que tanta gente se preocupe por el petróleo de mi país pero no por los 1000 presos políticos torturados en el Helicoide y por los 8 millones de desplazados alrededor del mundo. Gracias 🤡
26 años se dicen fácil, pero son más de 300 mil muertos por violencia política, miles de presos políticos, cientos de desaparecidos. Millones en el exilio. No es solo la eliminación de un Cartel es la liberación de un pueblo que ha sufrido horrores.
Los veo muy llorones en Latinoamérica defendiendo la soberanía de Venezuela, no los vi llorando cuando se protestó en 2014/2017 y 2019, cuando mataron a estudiantes, cuando hicieron emigrar a 8 millones de personas por HAMBRE, ni cuando se robaron las elecciones. Qué cosas.
La primera vez en la historia que el pueblo bombardeado por un ejercito extranjero grita de felicidad.
Pero la izquierda desde la comodidad del aire acondicionado te va a hablar de invasión e imperialismo mientras le pone stevia al matcha latte
"No se puede permitir esto en el continente" pero sí permitieron que nos aplastaran con tanquetas, que nos dispararan a quemarropa y que torturaran niños.
3/3 Me parece una falta total de responsabilidad, profesionalismo y empatía por parte de la chofer más teniendo en cuenta que se trata de una menor edad.
2/3 una nena menor de edad, que iba la escuela a 20 cuadras de la parada correspondiente y en una zona completamente desconocida para ella que le provocó una situación de angustia y además que llegara tarde.
1/3 @sibuscba Hoy el coche de la línea 35 con dirección "Marqués a Cabildo" que pasó por la parada de Bartolomé Jaimes 863 (parada 3) a las 8:50am (Coche 1068 o 1042 según la app tubondi) se desvió de su ruta sin previo aviso y sin motivos de tránsito y dejó a mi hija...
🌾No todas las heridas se ven. Algunas se heredan💔
📖 La Heredera, de @jonaira16, no es solo una historia de romance: es una novela sobre raíces, heridas familiares y decisiones difíciles.
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