Hay personas que no saben valorar lo que tienen, y esa es su propia carga. Tienen a gente noble a su lado y la tratan como si fuera reemplazable, como si siempre fuera a estar ahí. Pero cuando por fin reaccionan, ya no queda nadie esperando, porque incluso la paciencia se agota y hasta el corazón más leal termina por romperse. Esa es la verdadera tristeza de quien nunca aprendió a agradecer.
Yo te di una versión de mí que ni yo conocía. Te di mi calma, mi cariño y mis ganas de construir algo bonito, y tú lo tomaste como debilidad. No te culpo, no todos saben reconocer cuando tienen frente a ellos algo que nunca volverán a tener.