A veces, es completamente valido sentirnos tristes y permitirnos estar rotos por un momento. No siempre tenemos que ser la persona sonriente que los demás esperan. Está bien necesitar distancia, guardar silencio y dejar que el corazón derrame sus lágrimas hasta encontrar calma.
Ser vulnerable no nos hace débiles, nos hace humanos.
Siempre fui la persona que busca, que pide perdón. La que mueve cielo, mar y tierra con tal de ver a todos felices. Siempre me descuidé por cuidar a los demás y no saben lo desgastante que es para uno saber que lo das todo pero nunca alcanza
En una relación no importa quién lanzó la primera palabra hiriente o quién cometió el primer error.
Lo que realmente importa es que ahora ambos están heridos. La responsabilidad no es de uno solo, es de ambos.
Señalar culpables no sana, pero asumir juntos el esfuerzo sí. Dejar de luchar por tener la razón y empezar a luchar por la relación es el único camino.
Cuando dos personas están en el mismo barco, no importa quién causó la tormenta; ambos tienen que remar para salir de ella.
"Tanto va el cántaro a la fuente hasta que al fin se rompe".
Así es la vida:
Creemos que podemos tentar al destino una vez más, que esta vez todo saldrá bien, que ya estamos acostumbrados.
Pero cada viaje desgasta la arcilla, cada golpe invisible agrieta el barro.
Hasta que un día, sin aviso, el cántaro se hace pedazos y el agua se derrama.
La lección no es dejar de ir a la fuente, sino aprender a cuidar mejor el cántaro.
La ira más fuerte es la de alguien de buen corazon.
Se tragan su molestia, se mantienen tranquilos, perdonan una y otra vez hasta que un día se les agota la paciencia. No pongas a prueba demasiado a una persona noble