México no se acostumbró a la violencia de un día para otro. Se fue entrenando.
La primera vez que un caso de asesinato me estrujó la mente y la conciencia, fue en 2008: el secuestro y asesinato de Fernando Martí, el hijo de 14 años del empresario Alejandro Marti.
Creo que hablo por muchos aquí.
Tengo grabada en mi mente una entrevista en la que Alejandro dijo que todas las noches dormía, lo poco que dormía, en el piso de la entrada de la casa porque no se imaginaba dormir en una cama mientras su hijo estaba secuestrado.
Dos meses después lo encontraron asesinado en la cajuela junto a su escolta… y el dolorosísimo y tan real grito con el que su padre empezó su activismo y que se convirtió en una consigna social: Si no pueden, renuncien.
Pensé, todos pensamos, que ese caso iba a cimbrar a México, iba a ser factor de cambio de la ola de violencia.
Todos marchamos, todos nos compungimos. Nadie renunció.
Pensamos que iba a ser el hasta aquí.
Y henos aquí, 18 años, 500,000 asesinatos y 130,000 desaparecidos después en el exacto mismo lugar, corrijo, en un círculo del infierno mucho más bajo. Porque las cifras de violencia han aumentado y porque la sociedad tiene un umbral del horror mucho más alto; cada vez nos espantan menos y por menos tiempo los casos.
Hoy, después de Fernando Martí, de Marisela Escobedo, de Ingrid Escamilla, de Debanhi Escobar, de Edith Valdés y de tantos casos que pasan por las primeras planas y se olvidan y de tantos tantísimos casos que no merecen ni una nota al pie. Civiles y políticos, mujeres y hombres, jóvenes y viejos, en la mira y espectadores. En casas, escuelas, fiestas, iglesias, calles…
No hay lugar seguro.
La gran mayoría de los casos impunes. Las familias ahogadas en dolor, en impotencia, en volver a ser víctimas durante el proceso. En saber que este es el país donde nunca pasa nada
Si no pueden, renuncien.
Hoy vivimos la tormenta perfecta: No renunciaron los responsables de resolver las cosas, ni por incapacidad, ni por colusión, ni por decencia ni por pena.
Y la ciudadanía no se ha puesto a la altura de las exigencias que tenemos que hacer a aquellos que nos “gobiernan y cuidan” (es un decir).
Los casos, cada vez más brutales, cada vez nos asustan menos y los desechamos más rápido al archivo de los olvidados.
Como pasamos del shock → indignación → costumbre → olvido.
Parafraseando a Alejandro Martí en esa entrevista: dormimos cómodamente en nuestra cama mientras el país está secuestrado.
Si guardáramos un minuto de silencio por cada una de las víctimas de homicidios desde entonces (2008-2026) estaríamos callados más de un año.
Irónico porque, de cierta manera, sí estamos callados. No en señal de respeto, en señal de apatía total. No hacemos nada, no pasa nada, no exigimos nada.
Y ojo, esto ha pasado por gobiernos de todos los colores, de todos los pretextos, de todas las estrategias. Todas fallidas como se puede ver, literalmente, en la gráfica.
La sociedad cada vez más impávida. Los reclamos cada vez de más corto alcance. Los criminales cada vez mas impunes. El gobierno cada vez más coludido con el crimen organizado.
No es casualidad. Es consecuencia. Mientras, como sociedad lo dejemos pasar va a seguir pasando. Probablemente en Dinamarca (esa a la que nos asemejamos en el sistema de salud) el gobierno haga su trabajo sin la exigencia de la sociedad civil, porque ese es su trabajo. En México, el gobierno necesita que lo arreemos.
El gobierno tiene que actuar, entregando estrategias claras, que se enfoquen no en la (disque) reforma judicial, sino en los cambios en la atención de primera línea ante las víctimas, dejando de maquillar cifras, rompiendo los lazos de colusión tácita que muchos políticos tienen con el crimen organizado.
Pero la exigencia también tiene que ser a nosotros mismos, como sociedad civil. En exigir rendición de cuentas de todos y cada uno de los casos, diario, por nombre y apellido. En no quitar el dedo del renglón. No es que no sepamos qué hacer; es que hemos decidido no hacerlo.
Levantando la voz, con las mismas palabras que dijo Alejandro Martí en el 2008, con la voz ahogada de dolor: Señores, si piensan que la vara es muy alta, si piensan que es imposible hacerlo, si no pueden, renuncien. Pero no sigan ocupando las oficinas de gobierno, no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, que eso también es corrupción.
Porque cuando nadie renuncia y nadie exige, la violencia deja de ser una tragedia y se convierte en destino.
El clásico tuit de cada año que estábais esperando... ahí va!
SI EL REAL MADRID ELIMINA HOY AL BAYERN SORTEARÉ 600 EUROS ENTRE TODOS LOS SEGUIDORES QUE HAGAN RT
Esencial la lección que este entrenador inglés, Joshua Paul, imparte a los chavales de su equipo. Y no menos esencial para nosotros, adultos —sobre todo en una red tan hostil como es X—.
3 horas después del funeral, el llanto comienza a apagarse.
Tu familia regresa a casa y atiende a los invitados… mientras tu cuerpo en la tumba empieza a encontrarse con los organismos de la tierra.
6 horas después
En casa ya hablan de deportes, noticias o política. Ya no tienes pensamientos ni reflejos…
mientras tu cuerpo en la tumba permanece en un silencio absoluto.
9 horas después
Solo tu familia más cercana se queda, los demás se han ido. Afuera hay abrazos, consuelo…
mientras tu cuerpo en la tumba se enfría lentamente.
24 horas después
Alguien que no sabe que moriste aún te llama o te escribe un mensaje…
mientras tus órganos en la tumba comienzan a descomponerse.
3 días después
En tu trabajo ya buscan a alguien para reemplazarte. La vida continúa…
mientras tu cuerpo en la tumba se hincha y tu piel comienza a tensarse.
5 días después
Tu familia regresa poco a poco a su rutina. Afuera la vida sigue…
mientras tu cuerpo en la tumba se licúa por dentro y cambia de color.
2 semanas después
Tus hijos hablan con un abogado para repartir tu herencia…
mientras tus dientes y uñas en la tumba empiezan a desprenderse.
3 meses después
Tu pareja ríe frente al televisor viendo una película…
mientras tu cuerpo en la tumba se funde con la tierra.
1 año después
Un ser querido visita tu tumba y dice: “Parece que fue ayer”…
mientras tu mortaja en la tumba se deshace por completo.
2 años después
Tu pareja conoce a alguien más, se vuelve a enamorar, y aunque nunca te olvidará… ya no eres la persona más importante.
Mientras tú, en la tumba, sigues desapareciendo poco a poco.
3 años después
Tus hijos te extrañan y te necesitan más que nunca, pero solo les queda lo que les enseñaste…
Mientras tú, en la tumba, ya no puedes abrazarlos ni aconsejarlos.
10 años después
Un amigo ve tu foto y te recuerda por un instante…
mientras en la tumba solo quedan tus huesos.
Y algún día…
Tus seres queridos levantarán la mirada al cielo y pensarán en ti…
mientras tú, en el cielo, ya habrás entendido que nada de lo que te preocupaba importaba tanto.
1. ¿Escuchaste a los chairos celebrando que, según, 11 millones de mexicanos dejaron de ser pobres?
Te explico lo que pasa. Es tan simple, tan bobo, de nivel primaria. Pero la gente no pone atención.
Checa los datos que nos da @LSofiaDim y luego léeme.
Es como una 💳