MÁS ALLÁ DE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA
Seguimos preguntando: ¿eres de izquierda o de derecha? Pero quizá esa pregunta ya no explica el mundo actual.
Mientras discutimos etiquetas, el poder cambia de lugar: gobiernos, corporaciones, mercados financieros, plataformas digitales, datos, algoritmos e inteligencia artificial.
Por eso la pregunta de nuestro tiempo debería ser otra:
¿Quién concentra el poder, quién lo controla y en beneficio de quién se utiliza?
La tragedia venezolana no puede explicarse simplemente por “demasiada izquierda” o “demasiada derecha”. Tiene que ver con la relación entre poder, Estado, economía, ciudadanía y soberanía.
La izquierda histórica preguntó quién tiene el poder y quién carece de él. Pero cuando quienes prometen emancipación concentran el poder, debemos preguntar si existe emancipación o dominación.
Y lo mismo vale para la derecha: defender la propiedad privada no significa defender monopolios; defender el mercado no significa aceptar privilegios. Cuando una empresa obtiene ventajas por su cercanía con el poder político, eso es captura del Estado, no competencia.
Aquí aparece un viejo problema venezolano: el patrimonialismo. Cuando quienes gobiernan actúan como propietarios de aquello que administran; cuando los recursos públicos se convierten en patrimonio de grupos y partido, Estado y nación terminan confundidos.
Podemos cambiar de ideología, bandera o partido y conservar el mismo mecanismo: el poder como patrimonio de una élite.
Por eso Venezuela necesita recuperar una palabra fundamental:
REPÚBLICA.
La República significa que el Estado no pertenece al gobernante, los recursos públicos no pertenecen al partido y la nación no pertenece a una élite.
También significa comprender que soberanía no es aislamiento. Un país soberano puede comerciar, recibir inversión y cooperar internacionalmente. Soberanía es conservar la capacidad de decidir.
Venezuela confundió riqueza natural con desarrollo. El petróleo generó renta, pero la renta terminó siendo el centro de la disputa política.
La transformación exige pasar de la renta a la producción; del privilegio a la competencia; del clientelismo a la ciudadanía; de la discrecionalidad a las instituciones.
Y frente al nuevo poder tecnológico, tampoco queremos un Estado absoluto ni corporaciones absolutas.
Quizá la verdadera división del siglo XXI sea:
poder concentrado contra poder controlado.
Privilegio contra competencia.
Patrimonialismo contra República.
Renta contra producción.
Dependencia contra soberanía.
No queremos cambiar de amo.
Queremos algo mucho más radical:
dejar de tener amos.
Porque nadie puede decir: “yo soy la nación”, “yo soy el pueblo” o “yo soy el Estado”.
La pregunta definitiva no es si estás a la izquierda o a la derecha.
Es:
¿qué haces con el poder cuando lo tienes?
Una República no se mide solamente por quién llega al poder, sino por los límites que acepta quien llega al poder.
Ahí comienza la República.
Y quizá también…
la Venezuela que todavía podemos construir.
MADM
¿Por qué Venezuela sigue atrapada en el rentismo, incluso cuando cambian los gobiernos? Una explicación la ofrece el economista Andrés Giussepe con su teoría del **Principio de Transferencia Irreversible de Divisas sin Contrapartida Productiva**.
Según este planteamiento, durante décadas el Estado ha recibido enormes ingresos en divisas, principalmente del petróleo, pero en lugar de convertirlos en capacidad productiva, los ha destinado al consumo, las importaciones o asignaciones sin exigir un retorno económico. El resultado habría sido un ciclo de dependencia: más renta, más distribución, menos producción y mayor vulnerabilidad frente a los vaivenes del mercado petrolero.
Como alternativa, Giussepe propone el **FONADIR (Fondo Nacional de Asignación de Divisas Retornables)**. La idea es reemplazar la entrega de divisas por créditos productivos que deban retornar al fondo mediante inversión, producción, exportaciones o sustitución de importaciones. Así, cada dólar asignado contribuiría a generar nueva capacidad productiva, en lugar de agotarse en el consumo inmediato.
Más que discutir quién administra la renta petrolera, esta propuesta invita a debatir cómo se asignan las divisas y qué mecanismos pueden transformar la riqueza natural en desarrollo sostenible.
La pregunta sigue vigente: ¿puede Venezuela romper el ciclo del rentismo y construir una economía donde la renta financie producción y no solo consumo?
MADM
realista. La autora comenta que el héroe o heroína no solo pertenece al pasado, sino que su imagen sigue influyendo en la cultura y la política actual, ya que estas figuras son usadas como referencia de liderazgo, inspiración y construcción de identidad nacional.
Ana Teresa Torres define, en su ensayo La Herencia De La Tribu, a un héroe o heroína como una figura que representa valentía, liderazgo y sacrificio por el bienestar colectivo. Realizan actos extraordinarios que simbolizan ideales como la libertad, la justicia y la defensa del
Torres señala que muchos héroes y heroínas han sido idealizados hasta convertirse en mitos, presentados como figuras casi perfectas. Sin embargo, también fueron seres humanos con errores, contradicciones y desafíos. Comprender esto ayuda a ver la historia de manera más crítica y
Venezuela: entre la tutela extranjera, la subordinación política y el abandono del pueblo
Venezuela sigue atrapada en un limbo político que, lejos de traducirse en estabilidad institucional, recuperación democrática o justicia social, ha profundizado la incertidumbre nacional. Aunque se prometieron cambios estructurales en nombre de la "transición", la realidad muestra que siguen ausentes las bases esenciales de una República moderna: independencia de poderes, plena institucionalidad, garantías democráticas y un modelo económico que coloque al trabajador en el centro de la política pública.
La llamada recuperación económica no logra llegar a la mesa del venezolano común. Aunque se anuncian ajustes de ingreso, gran parte continúa descansando en bonificaciones y no en salario real, manteniendo precarizados derechos laborales, prestaciones y seguridad social, mientras el costo de la vida sigue golpeando con dureza a trabajadores, jubilados y pensionados.
A esto se suma una clase política opositora que, en lugar de construir una propuesta soberana de reconstrucción nacional, parece más ocupada en buscar legitimidad en centros de poder extranjeros que en reencontrarse con las necesidades concretas del pueblo venezolano. Se ha normalizado una dirigencia desconectada del hambre, del salario pulverizado, de los servicios públicos colapsados y del éxodo forzado que fracturó millones de familias.
En medio de esa pugna de élites —unas administrando poder y otras disputándolo desde la dependencia externa— el pueblo continúa siendo el gran ausente de las decisiones nacionales. El venezolano de a pie sigue despertando cada día enfrentando transporte costoso, servicios inestables, empleo informal, educación deteriorada, salud inaccesible y una profunda sensación de incertidumbre sobre su futuro.
La crisis venezolana no podrá resolverse sustituyendo tutelas internas por tutelas extranjeras, ni cambiando nombres en el poder sin transformar las estructuras que produjeron desigualdad, exclusión y deterioro institucional. Venezuela necesita una verdadera reinstitucionalización del Estado, sustentada en soberanía popular, justicia social, recuperación del salario, respeto a los derechos humanos y reconstrucción de la confianza pública.
Porque mientras la dirigencia discute cuotas de poder, el pueblo sigue discutiendo cómo sobrevivir.
Y allí está la verdadera tragedia nacional: una nación rica, con un pueblo empobrecido; una política ruidosa, pero incapaz de resolver la vida cotidiana de la gente.
La tarea histórica sigue siendo la misma: organizar conciencia, construir alternativas y colocar nuevamente al ser humano —y no al capital ni a intereses geopolíticos— en el centro del destino nacional.
#TocaLucharYVencer
"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y
Every confident person still feels insecure. Every successful person still fails. Every happy person still struggles. Don’t mistake outside appearances for internal realities.
Ya no insistes donde no te abren. Ya no explicas donde no te escuchan. Ya no te desgastas donde no eres valorado. Porque aprendiste que lo que es recíproco, fluye. Y lo que tienes que forzar, no es para ti. Tu energía ya no ruega, ahora elige desde la paz. Y desde la paz puedes mirar aquí y actuar ahora: https://t.co/eJj70cZ9YR
Para unir al país tenemos q empezar a reconocer con humildad, q somos distintos, diversos, q tenemos contradicciones, q estamos dispersos. Asumir q no hay opositores de primera, de sangre azul, predestinados y mejores. Aceptarnos con nuestras diferencias y orígenes. Poner de lado los egos y los cálculos mezquinos. La unidad en la diversidad y la práctica de la democracia a lo interno de un movimiento q sea toda Venezuela.