Construí un filtro sobre más de 5.800 acciones de Estados Unidos para que me encontrara la próxima compañía extraordinaria. No funcionó.
Hoy publiqué por qué: las ideas de inversión son gratis. Lo escaso es el criterio para evaluarlas.
https://t.co/AgmQyQoUTn
Un margen que se está expandiendo significa que la compañía ya es visiblemente muy buena. Ya pasó su punto de inflexión.
Y el 10x no nace ahí. Nace antes, cuando la compañía todavía se ve fea y gasta más de lo que crece.
A stock filter does not have to be right. It has to propose ideas: it is a lead generation process.
What decides who enters the portfolio is not the filter. It is the process: reading the documents in full, building the scenarios with probabilities and setting a size.
Un filtro de acciones no tiene que acertar. Tiene que proponer ideas: es un lead generation process.
Quien decide quién entra al portafolio no es el filtro. Es el proceso: leer los documentos enteros, armar los escenarios con probabilidades y ponerle un tamaño.
On this day 40 Years ago✨
On October 1, 1986, the first teaser for the upcoming Saint Seiya anime was aired on TV Asahi. 🇯🇵
" Have you ever felt your Cosmo? "
#SaintSeiya#聖闘士星矢#SaintSeiya40th#聖闘士星矢40th
I was asking my stock filter to find the gem.
That is asking for exactly what it cannot give, because what defines a multibagger is not yet evident at first sight.
Le estaba pidiendo a mi filtro de acciones que encontrara la gema.
Eso es pedirle exactamente lo que no puede dar, porque lo que define a un multibagger todavía no es evidente a simple vista.
@andresfergut@MasalladelPER Jejej no lo digo por menospreciar el análisis, mi punto es que con la tecnología actual ya no necesitas dedicar horas o contratar analistas para hacer el trabajo, sobre eso hablé en un post anterior https://t.co/wlV0LdijH4
@andresfergut@MasalladelPER Con IA hoy se puede hacer toda la carpintería del análisis, y el techo ya no es el tiempo sino los tokens. El criterio sí sigue siendo de uno.
Tolondros vs. Lumbreras
Confieso: yo y los de @10ampro somos los tolondros
Porque si para ser una lumbrera hay que confundir sociedad con Estado, solidaridad con burocracia, subsidio con creación de riqueza, vender un activo con destruirlo y hablar de inversiones con recibir los ahorros de la gente, prefiero quedarme en el equipo de los brutos.
Además, ser tolondro tiene una ventaja: obliga a hacer preguntas.
Las lumbreras, en cambio, ya tienen todas las respuestas.
La primera es maravillosa.
Nos cuentan que decir “el Estado no somos todos” es casi un ataque contra la solidaridad humana. La prueba, aparentemente definitiva, es que después de un terremoto la gente salió a ayudar.
Precisamente.
La gente salió a ayudar.
Familias. Empresas. Médicos. Voluntarios. Fundaciones. Vecinos. Iglesias. Bomberos. Organizaciones. Funcionarios. Personas.
La sociedad.
Eso no demuestra que sociedad y Estado sean la misma cosa. Demuestra exactamente lo contrario: que una sociedad es muchísimo más grande que el aparato estatal.
Ni siquiera la Constitución colombiana comete esa confusión. Dice que la soberanía reside en el pueblo, del cual emana el poder público. Y también dice que las autoridades están instituidas para servir a la comunidad y proteger a las personas. Una cosa es el pueblo y otra las instituciones que este crea para ciertas funciones.
Parece una distinción semántica. No lo es.
Un médico no es la salud.
Un profesor no es la educación.
Un banco no es el ahorro.
Y el Estado no es la sociedad.
Decirlo no significa querer abolir hospitales, carreteras, jueces, policías ni solidaridad. Significa recordar algo bastante elemental: las instituciones existen para las personas; las personas no existen para las instituciones.
Pero sigamos, porque viene la parte de EPM.
Aquí aparece uno de mis trucos argumentativos favoritos: si uno cuestiona que determinada empresa deba pertenecer eternamente al Estado, automáticamente aparece alguien explicando que lo que uno realmente quiere es que Medellín se quede sin agua.
Es una escalera lógica fantástica.
Uno dice “discutamos la propiedad”.
Le responden: “¿Entonces quiere niños cargando baldes?”
Despacio, lumbreras.
Yo puedo reconocer que EPM es una gran empresa, admirar una parte enorme de su historia y al mismo tiempo preguntar si cada uno de sus activos debe seguir siendo público por los próximos cien años. Esas ideas no son contradictorias.
De hecho, la propia EPM explica por qué esta conversación es bastante más interesante de lo que permiten los eslóganes.
EPM es pública, sí. Es 100% propiedad del Distrito de Medellín. Pero opera con patrimonio y rentas propios, separados de los fondos comunes del Distrito; está sometida para sus actividades a disposiciones de la ley comercial; cobra por los servicios que presta y transfiere parte de sus utilidades a su propietario.
Es decir: EPM funciona extraordinariamente bien en buena medida porque se parece muchísimo más a una empresa que a una secretaría.
Tiene clientes.
Factura.
Invierte.
Se endeuda.
Administra activos.
Calcula retornos.
Tiene gobierno corporativo.
Produce flujos de caja.
Y si administra mal esos recursos, eventualmente las cuentas aparecen.
Eso es precisamente lo interesante de EPM.
No prueba que “el Estado siempre administra mejor”. Tampoco prueba lo contrario.
Prueba que una empresa puede tener propiedad pública y, al mismo tiempo, necesitar disciplina empresarial.
Ahora viene Ciudad de México.
Nos ponen como ejemplo que allá hay familias que reciben agua mediante tanques y cubetas, aparentemente para demostrar los horrores que nos esperan si alguna vez un privado toca un tubo.
Pequeño inconveniente para la parábola:
el servicio de agua de Ciudad de México es administrado por una dependencia pública.
La Secretaría de Gestión Integral del Agua de Ciudad de México es precisamente la entidad gubernamental encargada de prestar, planear, gestionar y operar los servicios de agua potable, drenaje y saneamiento.
Entonces el ejemplo demuestra muchas cosas interesantes sobre escasez hídrica, infraestructura, inversión y gestión.
Lo que definitivamente no demuestra es que “privado = gente cargando cubetas”.
Ese dato se les atravesó en la historia como una vaca en una autopista.
Pero llegamos a la discusión verdaderamente importante:
¿El Estado genera riqueza?
Aquí las lumbreras nos ayudan mucho porque meten tres conceptos diferentes en la misma licuadora: riqueza, bienestar y transferencia.
Y después oprimen “batir".
Claro que una institución pública puede crear valor.
Sería absurdo negarlo.
La investigación científica puede generar conocimiento extraordinariamente valioso. El trabajo del doctor Francisco Lopera y del Grupo de Neurociencias de Antioquia es un ejemplo magnífico. El grupo de la Universidad de Antioquia identificó y estudió durante décadas la población con Alzheimer genético de Antioquia y produjo hallazgos de relevancia internacional.
Eso es creación de conocimiento.
Eso tiene valor.
Y si alguien cree que nuestro argumento consiste en que todo funcionario público pasa ocho horas jugando solitario mientras espera la pensión, está peleando contra un muñeco de paja bastante cómodo.
La OCDE incluso utiliza explícitamente el concepto de valor público para describir beneficios producidos por educación, salud, infraestructura, espacios públicos y otros bienes colectivos.
Perfecto.
Entonces ya podemos abandonar la caricatura y tener una conversación para adultos.
Porque de ahí no se desprende que todo gasto público cree riqueza.
Mucho menos que transferir riqueza sea lo mismo que crearla.
Si el Estado cobra cien pesos a A y entrega cien pesos a B, puede existir una razón moral, social o redistributiva perfectamente defendible para hacerlo.
Pero los cien pesos no aparecieron durante la transferencia.
Ya existían.
El debate interesante es otro: si esa transferencia produce posteriormente más bienestar, más capital humano, más productividad o mejores oportunidades que los usos alternativos de esos recursos.
Eso sí vale la pena discutir.
Decir simplemente “un subsidio es riqueza” resuelve el problema utilizando un truco lingüístico.
Si mañana le transfiero un millón de pesos a alguien, esa persona es un millón de pesos más rica.
Pero yo soy un millón de pesos más pobre.
No acabamos de descubrir una máquina de movimiento perpetuo económico.
Si funcionara así, Colombia podría alcanzar el ingreso per cápita de Suiza antes del viernes haciendo transferencias entre cuentas.
La pregunta que nosotros hacemos es precisamente la que incomoda:
¿quién creó primero aquello que después estamos repartiendo?
Porque antes de redistribuir una utilidad hay que producirla.
Antes de gastar un impuesto alguien tuvo que generar un ingreso gravable.
Antes de subsidiar una casa alguien tuvo que fabricar cemento, ladrillos, ventanas, tuberías, pagar trabajadores, comprar un lote y financiar la construcción.
Y eso no vuelve malo al subsidio.
Simplemente impide llamarlo magia.
Luego viene mi parte favorita: Hidroituango.
Por sugerir que se discuta la venta de Hidroituango, aparentemente estamos proponiendo algo parecido a desmontar la represa.
Aquí incluso a este tolondro se le acabó la capacidad intelectual para seguir el salto.
Vender una central hidroeléctrica no significa dinamitarla.
Cuando alguien vende un apartamento, normalmente el comprador no llega al día siguiente con una retroexcavadora.
Cambia el propietario.
El activo sigue ahí.
Se puede estar completamente en desacuerdo con vender Hidroituango. Se puede discutir su valoración, el comprador, el momento, la regulación, el destino de los recursos, el efecto sobre EPM y cien cosas más.
Esa discusión es legítima.
Pero comparar una venta con desmontar una presa no es un argumento.
Es utilería.
EPM, por cierto, sigue operando actualmente la central Hidroituango y reportando su operación a las autoridades ambientales.
Así que discutamos la pregunta real: ¿cuál estructura de propiedad maximiza el valor del activo y qué debería hacerse con el capital en cada escenario?
Eso es economía.
“Quieren acabar la represa” es teatro infantil.
Y llegamos entonces al segundo texto, que por lo menos tiene una virtud extraordinaria: nos ahorra el trabajo de descubrir cuál es el argumento.
No hay.
Hay “patéticos”.
Hay “vendehumos”.
Hay “gurús”.
Hay “Tech Bros”.
Hay vagos.
Hay incautos.
Hay vómito.
Hay resentimiento.
Es prácticamente un diccionario del insulto.
Lo curioso es que en medio de semejante esfuerzo literario nos acusa de ser vagos y, simultáneamente, de tener podcast, audiencia, presupuesto, comunidad, eventos, cursos, contenido y suficiente alcance como para irritarlo hasta producir varios párrafos.
No sé.
Tal vez tengamos definiciones diferentes de pereza.
Somos unos vagos absolutamente agotadores.
Más de 225 episodios después, probablemente sea una nueva categoría laboral: desempleo con exceso de trabajo.
También somos “oportunistas”.
Esa sí me dolió, un tris pues... tampoco tanto
Imagínese dedicarse a estudiar tecnología, mercados y compañías buscando oportunidades y que alguien descubra que uno… busca oportunidades.
Sherlock Holmes acaba de entrar al chat.
Pero hay una acusación que sí merece respuesta seria.
Dice que “mucha gente incauta debe estar entregándoles sus ahorros”.
Ahí no hay argumento económico ni sátira.
Hay una insinuación concreta.
Entonces facilitemos las cosas:
si alguien sostiene que nosotros recibimos los ahorros de terceros, que muestre la cuenta, el fondo, el contrato de administración, el mandato, la transferencia o el vehículo mediante el cual supuestamente recibimos ese dinero.
Una captura sirve.
Un nombre sirve.
Un documento sirve.
Algo.
Porque una cosa es decir que no le gustan nuestras tesis de inversión.
Perfecto.
Otra es decir que somos malos inversionistas.
También perfecto.
Otra, que nuestras ideas son equivocadas.
Maravilloso. Para eso está el debate.
Pero insinuar que “los incautos nos entregan sus ahorros” exige algo ligeramente más sofisticado que un adjetivo.
Exige evidencia.
Y esa diferencia resume bastante bien toda esta discusión.
Nosotros ponemos una valla diciendo:
“El Estado no somos todos.”
La respuesta podría ser un ensayo sobre teoría política.
Ponemos:
“El Estado no genera riqueza.”
Podrían responder con teoría económica, datos de productividad, retornos sociales del gasto, estudios de inversión pública.
Preguntamos si ciertos activos deberían seguir en manos públicas.
Podrían traer valoraciones, costo de capital, flujos futuros, riesgo regulatorio y alternativas de inversión.
Eso sería espectacular.
Aprenderíamos todos.
Pero aparentemente es más fácil explicar que somos unos vagos que, misteriosamente, trabajan demasiado; unos oportunistas que encuentran oportunidades; unos ignorantes que hacen demasiadas preguntas y unos vendehumos cuya principal actividad consiste en invitar a la gente a leer más, entender las compañías y construir sus propias tesis.
Y aquí está quizás la diferencia fundamental entre los tolondros y las lumbreras.
Los tolondros todavía tenemos dudas.
Preguntamos si una entidad funciona.
Preguntamos cuánto cuesta.
Preguntamos qué produce.
Preguntamos cuál es el retorno.
Preguntamos qué pasaría bajo otro modelo.
Preguntamos quién paga.
Preguntamos si existe una alternativa mejor.
Las lumbreras tienen una ventaja enorme sobre nosotros:
ya saben la respuesta antes de hacer la pregunta.
Si es público, genera riqueza.
Si es subsidio, es riqueza.
Si es solidaridad, es Estado.
Si EPM funciona, toda propiedad pública funciona.
Si Ciudad de México tiene problemas de agua, debe ser culpa del mercado, aun cuando el servicio lo preste una dependencia pública.
Si uno propone vender un activo, quiere destruirlo.
Y si alguien pregunta demasiado, es un fanático.
En ese universo intelectual uno vive muy tranquilo.
Todo cabe.
Menos una calculadora.
Así que acepto formalmente el nombramiento.
Tolondro.
Con mucho gusto.
Porque entre el tolondro que pregunta quién paga la cuenta y la lumbrera que cree que la cuenta se paga sola, me quedo con el primero.
Entre el tolondro que distingue Estado de sociedad y la lumbrera que cree que cuestionar una institución equivale a atacar la solidaridad, tolondro.
Entre el tolondro que quiere discutir cuánto vale Hidroituango y la lumbrera que cree que venderlo significa mandar obreros a desarmar la presa ladrillo por ladrillo, tolondro.
Y entre el tolondro que se atreve a decir “no sé, hagamos la cuenta” y el iluminado que ya conoce todas las respuestas porque se considera moralmente superior a quien formula la pregunta…
Tolondro toda la vida.
Porque al final ese es el pequeño problema con las lumbreras.
Iluminan mucho.
Pero a veces encandilan tanto que ya no alcanzan a ver los números.
Con cariño para las 2 lumbreras: @palaciotamayo + @JorgeLenintwit
A filter that goes from more than 5,800 stocks down to 123 did not leave you a short list. It left you a second long list.
What is missing is this: of those 123, in what order do you analyze them?
That one I still have open.
Un filtro que pasa de más de 5.800 acciones a 123 no te dejó una lista corta. Te dejó una segunda lista larga.
Lo que falta es esto: de esas 123, ¿en qué orden se analizan?
Eso todavía lo tengo pendiente.
@TradingNoteES No, no lo tenía definido. Fue lectura en tiempo real, y es justo lo que cambié. Hoy dejo escrito antes de entrar qué me haría cambiar de opinión.
En la operación de principios de año sabía por qué compré opciones y no acciones: quería más exposición a la misma lectura, y en una opción lo normal es perder el cien por ciento de la prima.
Lo que no tenía claro era cuándo cerrar. Eso lo hice de feeling, mirando la pantalla.
@TradingNoteES Exacto, el Sharpe de la fórmula también es ruidoso, así que los cuatro años son un estimado. Si el Sharpe real es más bajo, hacen falta más años.
Mi second brain de IA calcula cuatro medidas ajustadas por riesgo del portafolio: Sharpe, Sortino, Calmar y el information ratio.
Las publiqué las cuatro, y las cuatro ordenan mis tres años igual.
I ran a filter over more than 5,800 US stocks to leave me only the ones worth looking at.
123 were left.
That is not a shopping list. It is a list of ideas to analyze, which is a very different thing.
https://t.co/GuTghEbsIM
Corrí un filtro sobre más de 5.800 acciones de Estados Unidos para que me dejara solo las que valía la pena mirar.
Quedaron 123.
Eso no es una lista de compras. Es una lista de ideas para analizar, que es otra cosa muy distinta.
https://t.co/AgmQyQoUTn
@alc2022@holdmybirra@ToroDeArena La pregunta estaba mal hecha. Un filtro no encuentra gemas, produce leads. Las ideas son gratis, y lo escaso es el proceso para evaluarlas. El post completo está aquí.
https://t.co/AgmQyQoUTn
Construí un filtro sobre 5.801 acciones de Estados Unidos para que me encontrara la próxima gran compañía. No funcionó, y lo medí tres veces. Lo que aprendí, en un hilo.
De dónde sí salen. Casi todo lo que tengo en tecnología salió de Antonio Linares (@alc2022) y de Hernán Jaramillo, 10ampro (@holdmybirra). Otras, de Sebastián Toro (@ToroDeArena).