#AHORA El propagandista chavista Michelo le reprocha a Diosdado y al chavismo la visita de Dan Caine a Caracas.
Tildó directamente de "traidor" y "chanta" a Diosdado, recordándole sus viejas amenazas contra Washington y criticando que ahora estén "a los besos con los gringos".
¿SOBERANÍA O CIPAYISMO?
Esos argumentos son primero una muestra de cipayismo, que intenta normalizar la pérdida de soberanía con una lógica bastante peligrosa: “como antes existía dependencia de otros países, entonces ahora no importa depender de Estados Unidos”. Pero una subordinación no se corrige reemplazándola por otra. Cambiar de tutor geopolítico no equivale a recuperar autonomía nacional.
Además, hay una trampa conceptual importante. Tener relaciones económicas, financieras o estratégicas con potencias extranjeras no significa automáticamente entregar soberanía. Todos los países del mundo mantienen vínculos internacionales. El problema comienza cuando las decisiones fundamentales de una nación dejan de responder a los intereses de su población y pasan a condicionarse por actores externos, sean del país que sean.
Por eso resulta contradictorio que durante años se denunciara la “injerencia imperial” mientras simultáneamente se hipotecaban sectores estratégicos, recursos naturales, deuda, infraestructura y capacidad política frente a otros centros de poder.
Pero señalar esa contradicción no implica aceptar resignadamente otra forma de dependencia.
Porque la soberanía no debería medirse según quién domina, sino según la capacidad real de una nación para decidir libremente su destino.
También hay una diferencia entre cooperación internacional y cesión estructural de control. Un país soberano puede asociarse con Estados Unidos, Europa, China o cualquier potencia sin convertirse en satélite de ninguna. El problema aparece cuando se presenta la dependencia como única salida posible, como si Venezuela estuviera condenada eternamente a ser administrada desde afuera.
Y hay algo aún más delicado: justificar la pérdida de soberanía porque “ya estaba perdida antes” es una forma de renunciar al concepto mismo de República. Bajo esa lógica, cualquier cesión futura sería aceptable mientras produzca estabilidad económica o beneficios inmediatos.
Pero la historia demuestra que las naciones que renuncian progresivamente a su autonomía terminan perdiendo no solo capacidad política, sino también capacidad productiva, científica, institucional y cultural.
La verdadera discusión no debería ser si la influencia viene de Moscú, Pekín, Madrid o Washington. La verdadera pregunta es por qué Venezuela dejó de construir una estructura estatal capaz de relacionarse con el mundo sin someterse a él.
Porque la soberanía no consiste en cambiar de amo geopolítico. Consiste en no necesitar ninguno.
MADM
Colombia junio 2026