Recuérdame que no todos mis pensamientos dicen la verdad y que el miedo casi nunca es buen consejero. Dame un ancla cuando todo dentro de mí se agita. Quiero respirar sin que el pecho me pese. Cámbiame el ruido interior por tu calma.
Inquebrantable soy en tu nombre.
Amén.
Padre eterno, vivo con una alarma encendida por dentro que casi nadie nota. Mi mente corre, se dispersa y me deja sin poder enfocarme ni descansar. Hoy te entrego esa neblina. Aquieta la tormenta que me habita y devuélveme la claridad para pensar una sola cosa a la vez.