Con Nicolás siempre ha existido una tensión que pide a gritos explotar. Ese feeling es nuestro motor, y cuando nos encontramos, no hay rodeos: voy directo a marcar territorio.
Me encanta verlo rendirse, sentir cómo se abre para mí mientras tomo el control total. Con él soy posesivo, me gusta llevarlo al límite y ver cómo mi ritmo lo desarmada por completo. Es esa mezcla de deseo acumulado y la satisfacción de saber que soy yo quien lo llena, quien lo domina. Cada vez que le damos con toda, termino dejándolo marcado, entregado y totalmente satisfecho.