Conocer al otro tal y como es; y estar bien con ello; es como leer un libro con capítulos difíciles y, aún así, apreciar la belleza de la historia en su totalidad. Este conocimento íntimo no encadena, sino que libera; libera de de los ideales inalcanzables; del miedo a ser uno mismo y ser juzgado; por ello es que de esta desnudez del ser florece el amor verdadero, no porque ambos sean perfectos, sino por la singular forma en que las imperfecciones de los dos armonizan para posibilitar la unión de dos seres distantes.
El otro no es igual a mí. No tenemos los mismos gustos, deseos, intereses; de muchas y diferentes formas somos distintos. En este sentido quizás lo importante no sean las diferencias en sí, sino cómo lidiamos con ellas. Aprender a estar con otro involucra armonizar las diferencias, aceptándolas y respetándolas. Es volver la incompatibilidad, más compatible.
El deseo es indestructible porque es el motor de la vida humana, es lo que nos mueve a hacer cosas, por lo tanto, su satisfacción nunca es permanente; una vez que nos adaptamos a una nueva realidad, el deseo siempre vuelve, solo que de manera diferente.
Por eso es que el paraíso —o la felicidad— es un estado transitorio y no se encuentra en ningún destino o situación específica, sino en la capacidad de disfrutar y apreciar los momentos que existen entre la satisfacción de un deseo y la aparición del siguiente. Momentos efímeros, pero con impacto eterno, porque una vez que los encuentras, duran para siempre.
@elonmusk No one is born hating another person because of the color of his skin.
People must learn to hate, and if they can learn to hate, they can be taught to love, for love comes more naturally to the human heart than its opposite.
—@NelsonMandela
Nadie se encuentra dos veces a la misma persona.
En el universo de cambio constante,
no hay dos encuentros iguales;
fluir de río somos, siempre en constante baile.
Cada día nos transforma, con su sol y su llover,
cuando nos volvemos a ver, ya no somos los de ayer.
Bajo el solo de cada amanecer, cambia nuestra piel,
experiencias y tiempo nos moldean, en eterno carrusel.
Así que, en cada mirada, en cada encuentro nuevo,
recuerda que no somos un punto fijo, sino proceso.