Cada gol de Leo, a muchos, nos sigue acercando al niño que fuimos y ya nos somos. Leo Messi es el anclaje a un yo que ya no existe, pero en el que él permanece.
Somos de #Racing desde la cuna. Y el Cilindro es la cuna del aliento. Acá, gritamos por estos colores a los cuatro vientos: en el este y el oeste, en el norte y en el sur. No importa dónde te ubiques, acá vas a ver bien un espectáculo que va más allá de la cancha: vas a sentir la celeste y blanca.
En este Coliseo se libraron batallas épicas. Contra Celtic en el camino a la cima del mundo, para el Equipo de José hubo fútbol y hasta un poco de boxeo. Y aunque estábamos contra las cuerdas, lo dimos vuelta para ir a ganar el último round en Montevideo.
En este Coliseo asomaron guerreros. Como Nery con el hombro dislocado. Con el manto sagrado sangriento. Pero con el corazón entero. Y aunque vivimos momentos para el infarto e hicimos más cuentas que un matemático, tengo pruebas sobre que este lugar es mágico: acá, 9 son más que 11. Porque miles empujamos desde afuera y definimos con el chileno.
También empujamos a Bustos, el de Belgrano, para no caernos de nuestro lugar en el mundo. Somos tipos de fe y el Cilindro es nuestro templo. Disfrutamos las Maravillas de un profeta que usa la 9 y predica con goles su sentimiento. Acá, el saludo de Paz es con la 10 y trepados al alambrado para gritar un gol con todo, como nos enseñó el uruguayo.
En el Cilindro hay estallidos. En 2001, la zurda de Bedoya nos hizo explotar y sentir que faltaba un Paso (a Paso) menos para el gran objetivo. Contra Corinthians hubo fuego sagrado: el del recibimiento histórico y el del equipo, que con los goles de Quintero sacó pasajes a Asunción, tierra de otra consagración.
El Cilindro es mágico: acá las mascotas se transforman en ídolos. Lo sabe Costas, que tomó la posta del Coco, su papá futbolístico. Acá, Corbatta sacó el Pasaje a la eternidad: con sus gambetas enloqueció a todos, adentro y afuera. Su recuerdo permanece en cada rincón, hasta abajo de la tribuna donde durmió.
Acá nació, vivió y murió Tita, que no se quiso ir nunca porque Racing literalmente fue su lugar en el mundo. Su hogar. Un dulce hogar. El Cilindro es la casa a la que todos los agradecidos quieren volver. Acá los Príncipes regresan a coronarse. Acá no dejamos de pensar en el enorme L15andro, que nos enseñó que siempre estuvimos en su mente. Y en su corazón.
Los que no nos entienden creen que estamos locos. Que somos cabeza dura. Puede ser: si hasta trabamos con la cabeza, a lo Zuculini. Como Franco y Bruno, adentro del Cilindro somos todos hermanos. En el Presidente Perón lo tenemos bien claro: para un racinguista no hay nada mejor que otro racinguista. Y estar en casa, pase lo que pase, es una sensación alucinante.
¡Felices 75, Cilindro mágico!
Te amo, Emiliano Martínez. Amo que te agrandes cuando estamos todos cagados. Amo la seguridad que transmitís. Amo toda tu locura, amo tus bailecitos y tus juegos psicológicos. Amo que nos des alegrías cuando todas son malas. Amo que le pongas doble huevo. Te amo, Dibujito