Y en la talla fija su tacto risueño
que pone el empeño; de amar en el todo.
Y en el lodo barro, de carne de extraño
de extrañarlo todo.
Y en su puño sordo, los dedos a bordo
de absorberlo todo.
Y en el modo, nada para ahogarse...solo.
Encierra en la razón de sus miserias
aquellos los misterios que destierran
aquellos los demonios que dialogan,
abogan a remarse hasta decir, que
van a consumir porque se ahogan.
Un soneto en llave abrió sus adentros
al canto del cuento contando secretos,
a un reto de humo que asuma la niebla,
la tiembla del celo de tiniebla y grumo.
Oración de encantos de cuentas de voz
que lo atroz escucha y al terror la lucha
del sentir que aterra que lo entierra todo.
En tierra alarido en el mar ahogado.
Enfado menor, en un tono oscuro,
al llanto seguro que le da la voz.
Al canto estremece que da lo sentido,
que ilustra el sonido que engarza la pena,
y al sentir lo llena que enjoya la nota.
En un sol mayor, al sentir lo claro,
al puro reparo que le da el pudor.
Y el sudor de fiebre que enferma el amor.
Y al dolor se rinde que brinda y lo grita,
que lo que practica es su salvación.
Contenga y lo crea, solo sea un ruego,
sepa que lo entiende, lo enciende y lo vea
con sus propios ojos, rojos, de llorar de cuidar
en alto, sobresalto y pena, la vena cabal
que animal se siente, que al ritual lo reza
frente a la pereza de verlo morir, a vivir sin pero,
lo espero
Qué hacer con el tiempo, todo está perdido.
El mundo llovido de un charco en el suelo.
Del cieno y las ratas, de las telarañas.
Del polvo perdido cayendo en el hombro.
Escombros de versos. Diverso contigo.
Un contenedor para guardar vacío.
Un río de rabia que es cauce de un grito