Revisando los recuerdos de Facebook, me encontré con esta fotografía. Fue como mirar por una ventana sucia al pasado. Quizás hoy algunos hayan caído en la tentación de olvidar, o incluso de vender este pedazo de historia. ¿Cuánto se cotiza una hectárea de su olvido? ¿Cómo harán para regocijarse en el abrazo de sus hijos si renuncian a la raíz que los nombra? Tal vez ha llegado la hora de saber, por fin, quiénes somos.