Si el día anterior a que naciera mi primer hijo me dabas un bebé recién nacido, no tenía la menor idea de qué hacer con él. Te lo hubiera devuelto apenas pudiera. Pero al día siguiente, cuando tuve por primera vez en brazos a mi hijo, se desbloquearon aspectos de mí que jamás supe que tenía. Conocí emociones y sensaciones que no sabía que existían. Antes pensaba que tener hijos era ceder espacio, tiempo, libertad. Pero no fue una renuncia. Fue una expansión. Una ampliación de mi capacidad de sentir, de cuidar, de descubrir aspectos de mí y de la vida que no imaginaba.
Es mucho más fácil imaginar el peso de las noches sin dormir o el exasperante berrinche en el supermercado que comprender el sentimiento que nos haría absorber todos los dolores y pesares de nuestros hijos si eso fuera posible. Esa voluntad inexplicable de darlo todo por otro es una de las experiencias más intensas —y más humanas— de estar vivos. Y sin embargo, a pesar de todo eso, hoy cada vez menos personas quieren ser padres.
¿Cómo puede ser que una de las experiencias más profundas de la vida se haya vuelto, para tantos, una elección descartada? Tal vez el problema no está en la experiencia misma… sino en las condiciones en las que hoy se la atraviesa. Y quizás lo que necesitamos no es volver atrás, sino reinventar la paternidad para que vuelva a ser una experiencia posible, vivible y deseada.
@TornatiSergio@horacioalonso16 Buenísimo! Gracias por la info. O sea la bonificación que mencionan del wallbox es un descuento de aprox 50% y te queda en 650 con instalación incluida?
@nicoschenquer Según tenía entendido, y ChatGPT me da una mano, los autos importados de México no pagan impuestos extra zona como si pagan los de Origen alemán por ejemplo!