A veces en la medicina hay personas que trascienden los cargos.
Hoy quiero reconocer al Dr. Jorge Curbelo Viera, un colega que ha sido parte fundamental en el desarrollo del Hemocentro Regional de Maldonado desde sus inicios.
Su trabajo no solo se mide en números ,aunque los tiene y son contundentes, sino en algo mucho más profundo: en haber construido cultura, equipo y compromiso alrededor de algo tan sensible como la donación de sangre.
Transformar un sistema, multiplicar la cantidad de donantes, generar confianza en la comunidad y sostener durante años un modelo de gestión eficiente y humano no es casualidad. Es trabajo, visión y vocación.
Quienes trabajamos en salud sabemos lo difícil que es sostener proyectos en el tiempo, y más aún en contextos cambiantes. Por eso, más allá de cualquier circunstancia, vale la pena poner en valor a las personas que dejan huella.
Mi reconocimiento como colega, y mi respeto por una trayectoria construida desde abajo, con esfuerzo, compromiso y cercanía con la gente.
La medicina necesita más de esto.
@medica_union@union_maldonado@jcurbelo44
Desde el Sindicato Anestésico-Quirúrgico reconocemos el aporte profesional de todas las mujeres, su liderazgo y su papel clave en el presente y el futuro de la medicina en Uruguay. 💜
La medicina uruguaya no es perfecta. Ningún sistema lo es.
Pero tiene algo que nos distingue: formación rigurosa, trabajo en equipo, protocolos claros y una cultura profesional donde la ética y la vocación siguen siendo centrales.
En situaciones críticas no hay héroes individuales.
Hay equipos preparados que responden con rapidez, coordinación y humanidad.
Quienes trabajamos dentro del sistema sabemos que la fortaleza no está en un nombre propio, sino en una estructura que integra niveles de atención, garantiza acceso y sostiene estándares altos de calidad.
Seguiremos trabajando con humildad, autocrítica y compromiso.
La excelencia no se proclama. Se ejerce.
Estimado Dr. Dalbon,
sus palabras nos honran profundamente.
La medicina uruguaya es el resultado del trabajo silencioso y comprometido de equipos enteros que actúan con vocación, formación y humanidad todos los días.
Si pudimos ayudar en un momento tan difícil, fue gracias al esfuerzo conjunto de médicos, enfermeras y personal de salud que creen en lo que hacen.
Gracias por su reconocimiento y por defender con respeto el valor de nuestra profesión.
TEMA SAMID.
PERDÓN URUGUAY.
COMUNICADO PÚBLICO
En defensa de la medicina uruguaya. Con gratitud, con datos y con la verdad.
El señor Samid habló. Generalizó. Lastimó. Y quienes conocemos Uruguay de verdad, quienes hemos vivido de cerca lo que significa la medicina uruguaya en un momento límite, tenemos no solo el derecho sino la obligación moral de responder.
Lo hago con respeto. Pero lo hago con toda la firmeza que me da la experiencia personal más profunda que un ser humano puede atravesar: la de haber visto a un médico uruguayo devolverle la vida a la persona que más amo.
En enero de este año, un ser muy querido para mí sufrió una descompensación gravísima. Una sepsis agresiva, fulminante, de esas que no perdonan si el tiempo no está de tu lado. Lo que vino después fue la medicina uruguaya en su máxima expresión: el Sanatorio Cantegril, el Dr. Sanguineti y su equipo de colaboradores actuaron con una celeridad, un profesionalismo y una calidez humana que no encuentro palabras suficientes para describir. Hoy ese ser querido está vivo. Literalmente. Si no hubiera sido por esas manos, por esa decisión clínica tomada en segundos, por ese equipo que no soltó hasta ganar la batalla, hoy estaría llorando una ausencia en lugar de escribir estas líneas.
Señor Samid, no le cuento esto de oídas. Estudié medicina en Uruguay. Conozco cómo se forman esos médicos, con qué rigor, con qué ética, con qué vocación. No terminé la carrera por razones personales, pero lo que aprendí en esas aulas y en esos hospitales me alcanzó para saber que la medicina uruguaya no merece ser reducida a un comentario liviano dicho para conseguir dos minutos de pantalla.
Y si me permite, señor Samid, le voy a recordar algo que los argentinos tendemos a olvidar con una velocidad que debería avergonzarnos.
Uruguay salvó a Diego Maradona.
Aquella madrugada en Punta del Este, cuando el más grande de todos los tiempos llegó sin vida en los brazos de Guillermo Coppola, fueron médicos uruguayos quienes hicieron lo imposible. Fueron manos uruguayas las que devolvieron al mundo al mejor jugador de fútbol de la historia. Eso no fue un milagro espontáneo. Fue medicina de excelencia, protocolo, entrenamiento y amor por la profesión.
Qué paradoja, señor Samid. Qué paradoja tan dolorosa. Mientras Uruguay salvaba a Diego aquella noche, hoy en Argentina está a punto de comenzar un juicio por abandono de persona seguido de muerte contra los médicos argentinos que lo trataron en sus últimos días. No lo digo para atacar a nadie. Lo digo porque los contrastes a veces son la única manera honesta de poner las cosas en perspectiva.
Los argentinos tenemos una deuda enorme con Uruguay. Nos reciben siempre con generosidad, con hospitalidad, con una nobleza que no siempre supimos devolver. La única rivalidad legítima y hermosa que existe entre nuestros pueblos pasa por el fútbol, y aun ahí el respeto es la regla. Todo lo demás es una familia. Y a la familia no se la hiere con generalizaciones irresponsables.
Generalizar es fácil. Es cómodo. No exige rigor ni le cuesta nada a quien lo hace. Pero sus palabras, señor Samid, llegaron a un país que no las merece, a médicos que se levantan cada día a salvar vidas, y en mi caso particular, llegaron a lastimar la memoria de lo que esos médicos hicieron por alguien que hoy respira gracias a ellos.
Mi agradecimiento al Sanatorio Cantegril, al Dr. Sanguineti y a cada integrante de su equipo, y a las enfermeras es eterno, incondicional y público. Lo digo hoy, lo diré siempre.
Y a Uruguay, como país, como pueblo, como tierra de médicos extraordinarios: gracias. Gracias de parte de un argentino que sabe muy bien lo que hicieron por los suyos. Por los míos. Por todos nosotros.
Con respeto, con verdad y con la gratitud más honda que puede expresar un hombre.
Gregorio Dalbon.
Nunca dejamos de ser residentes
La cirugía nos enseña pronto que el título no nos salva del error.
Yo aprendí más de mis fracasos que de mis aciertos: equivocarme, pedir ayuda, volver a estudiar.
Ahí entendí algo clave: nunca dejamos de ser residentes.
Como decía William Halsted: “El cirujano se forma toda la vida”.
Y René Leriche recordaba que “la cirugía es la más humana de las ciencias”.
A los cirujanos jóvenes:
lean siempre, duden de sus certezas, respeten al paciente y al equipo.
La técnica se afila con los años; la humildad, todos los días.
Ser cirujano no es llegar.
Es seguir aprendiendo. @SimulacionUC
Nunca dejamos de ser residentes
La cirugía nos enseña pronto que el título no nos salva del error.
Yo aprendí más de mis fracasos que de mis aciertos: equivocarme, pedir ayuda, volver a estudiar.
Ahí entendí algo clave: nunca dejamos de ser residentes.
Como decía William Halsted: “El cirujano se forma toda la vida”.
Y René Leriche recordaba que “la cirugía es la más humana de las ciencias”.
A los cirujanos jóvenes:
lean siempre, duden de sus certezas, respeten al paciente y al equipo.
La técnica se afila con los años; la humildad, todos los días.
Ser cirujano no es llegar.
Es seguir aprendiendo. @SimulacionUC