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AURA TOTAL: Bellingham se quedó mirando fijo a la tribuna de Inglaterra mientras los hinchas le cantaban HEY JUDE. ¡Cine!
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¿De verdad no se dan cuenta de que no importa la figura, no importa si el DT es defensivo u ofensivo, no importa la postura ni el esquema? Nuestro rendimiento deportivo siempre depende 100% del estado anímico, SIEMPRE. Y eso no es normal. No, gente, no es normal.
Uruguay tiene un drama con la salud mental. Un drama. Y lo del Mundial es un ejemplo más.
El mito de la “garra charrúa” no es otra cosa que esa inestabilidad emocional disfrazada de virtud: cuando el equipo se prende, parece que le puede ganar a cualquiera; pero cuando se frustra, se desordena, se borra y pierde con cualquiera; o directamente se desborda y te arranca a cagar a patadas.
Ese es justamente el problema: no sabemos competir desde la estabilidad, el criterio o la planificación. Dependemos siempre de estar allá arriba, de estar full motivados (estimulados) y de que todo venga bien. Cuando eso se rompe, se rompe todo. Y hay mil ejemplos de esto. Desde el partido de 2014 después de la sanción a Suárez hasta la vuelta del repechaje contra Jordania, por nombrar solo dos.
Porque no, la inestabilidad emocional (de la que mucho se habló esta semana con respecto a esta generación) no se reduce solo con ver a Valverde jugar al 40 % de lo que podría jugar o no cargando con las situaciones de juego pesadas, para no asumir riesgos.
Pegar por frustración, tirar el VAR a la mierda, morder o quebrarse a llorar a veinte minutos del final son respuestas distintas frente al mismo problema: no sabemos procesar que las cosas pueden salir mal. No sabemos mantener la cabeza fría cuando más se necesita. No sabemos qué hacer cuando el plan deja de funcionar. No tenemos plan B.
Pero acá los boluditos creen que pegar y morder es “poner huevo”, mientras que esconderse o llorar es “ser cagón”. Como si unas reacciones fueran fortaleza y las otras debilidad, cuando en realidad todas nacen del mismo desborde emocional.
Llevamos setenta años construyendo el mito de que todo se resuelve apretando los dientes, callándose, aguantando y poniendo huevo. La tristeza se esconde, la angustia se desprecia y la frustración se transforma en violencia (hacia otros o hacia nosotros mismos). Después miramos las cifras de salud mental del país y actuamos como si no tuvieran nada que ver con la cultura de mierda que alimentamos todos los días.
Porque sí, aunque les chupe un huevo esa huella no afecta solamente a si la pelotita entra o no entra, es más, ese probablemente sea el menor de los quilombos que cultiva.
En fin, salí del laburo, prendí la radio y me di cuenta que hay demasiado pelotudo con micrófono.
Estos paraguayos estaban mirando los penales en un bar y, justo cuando iba a patear el penal definitorio, SE APAGÓ TODO.
JAJAJA, ES EL VIDEO DEL AÑO. 😅🇵🇾