¿Quitar o aumentar impuestos?
¿Ron de Santis o J. B. Pritzker?
¿Florida o Illinois?
La reciente decisión de De Santis de cancelar el impuesto a la propiedad en Florida ha desatado una interesante controversia: ¿Cómo se financia un gobierno si cobra menos impuestos?
Sin embargo...
Sucede algo curioso: Florida tendrá un presupuesto de 52 billones de dólares (bd), e Illionis de 56 bd. Pero la población de Florida es casi el doble que la de Illinois, así que podría decirse que en términos proporcionales el presupuesto de Florida es la mitad del presupuesto de Illinois.
Curiosamente, es en Illinois donde no les alcanza el dinero para nada.
¿Cómo financiar las acciones del gobierno con un menor presupuesto?
Fácil: no gastes en idioteces. Gasta eficientemente. Pero eso es algo impensable para un keynesiano, que cree (a nivel de dogma religioso) que el gasto gubernamental genera productividad. Cuando esto fracasa (o sea, siempre, según nos demuestra la experiencia empírica), el pretexto es que no se gastó lo suficiente.
La solución capitalista ha demostrado ser no sólo más eficiente, sino la única correcta: deja que la gente trabaje libremente y disfrute de sus ganancias. Eso es la verdadera justicia social.
Ya lo dijo Thomas Sowell: ¿en qué momento justicia social es quitarte lo que tú ganaste para dárselo a alguien que no lo ganó?
La fórmula ha demostrado su efectividad siempre: deja que la gente sea libre, creativa, emprendedora; ayúdalos a cuidar su patrimonio, a vivir confiados y seguros de que nadie les va a quitar lo suyo.
El emprendimiento crece; las inversiones llegan; la productividad se expande. El gobierno cobra impuestos en menos rubros, pero su recaudación aumenta porque aumentó la riqueza. Los ingresos del gobierno se vuelven constantes y seguros. Y como la libertad del individuo va íntimamente ligada a una burocracia pequeña y limitada, el gasto es más eficiente. Alcanza para muchas cosas, porque el gobierno no necesita gastar en todo aquello que los ciudadanos pueden resolver por sí mismos.
El modelo de Illinois -que se está replicando en la ciudad de Nueva York bajo la tutela de Mamdani- siempre falla: pon más impuestos, regala más cosas, impón más regulaciones, contrata más burocracia para vigilar y controlar a tu población. Las inversiones se van. Los capitales huyen. La productividad se hunde. La recaudación colapsa. Y, al igual que Mamdani, no te queda más remedio que mendigar dinero prestado. O más bien regalado, porque a efectos prácticos no lo vas a poder pagar.
"Más impuestos para los ricos" es el eslogan de batalla de los moralmente superiores, pero idiotas promotores de una pretendida justicia social cuyo nivel de rigor de análisis no supera el cuento de Robin Hood. Economía de caricatura.
Apoyen a los ricos. Déjenlos volverse más ricos. Déjenlos invertir y ganar más dinero. Construyan el ambiente perfecto para que se gasten su fortuna en burradas.
¿Cómo podemos permitir que una persona tenga un yate de 700 millones de dólares cuando otros tienen hambre?
Esa pregunta estúpida sólo la hace la gente que no tiene idea de cuánta gente comió y seguirá comiendo gracias a que el multimillonario se compró ese yate, porque es la gente que trabaja construyendo yates, o fabricando accesorios para yates.
Cada gasto estrambótico de un millonario inyecta dinero en cadenas de producción y distribución que generan empleos en muchos países de todo el mundo. Eso beneficia a más gente que los programas sociales del gobierno. Incluso beneficia a varios gobiernos, porque -mucho o poco- todos cobran impuestos sobre esas cadenas de producción o de distribución.
El único tipo de político que no quiere aceptar esta realidad es ese al que no le interesa ayudar a la gente, aunque ese sea su discurso. Es el político al que, en realidad, sólo le interesa el poder.
Porque cobrar más impuestos y mantener a la gente por medio de programas sociales no es un asunto de justicia social.
Es un cochino asunto de poder.